25 noviembre 2020

Los héroes enterrados

"Resistencia de Cabo Juby" (Revista Interviú).

«¡Sangre de Gómez Gayoso,
sangre pura, sangre brava,
sangre de Antonio Seoane,
de Diéguez, de Larrañaga,
de Roza, Cristino y Vía,
valles de sangre, montañas!»

Rafael Alberti

«(…) El día que condenaron a los militares de Sidi Ifni yo estaba de guardia en la sala del Consejo de Guerra celebrado en el hogar del soldado del Grupo Autónomo Mixto de Zapadores y Telégrafos nº 4 en La Isleta (Gran Canaria). Los pobres muchachos no estaban acompañados por sus familiares ya que todos vivían en la península.

Las sentencias, sobre todo las de muerte, sonaban como disparos de cañón en aquel salón donde no se escuchaba ni una mosca, era el Consejo de Guerra iniciado el 15 Octubre 1936, Causa 193 de 1936, bajo la presidencia del General de Brigada Guillermo Camacho González acompañado por los Vocales: Coronel: José Cáceres Sánchez y los Tenientes Coroneles: Luis Álvarez de Rivera, Ernesto Pascual Lascuevas, Eduardo Rodríguez Couto y José María del Campo Tabernilla. Actuó de Fiscal el Teniente Coronel Manuel Cuartero Martel, que era uno que participaba en casi todos los Consejos de Guerra que acababan con penas de muerte, llevando el papel de Defensor el Capitán Prudencio Guzmán González, que no hizo mucho, más bien se quedaba callado ante las acusaciones de la Fiscalía y ante lo que se veía claramente que era toda una sarta de mentiras contra aquellos pobres hombres.

Durante el juicio recogieron lo que supuestamente había pasado en los territorios de Ifni, viéndose como el Fiscal hacía hincapié en la no incorporación a la causa nacional de los inculpados, sus intentos para que el Batallón de Tiradores y Caídes del Territorio siguieran fieles al Gobierno de la República, relajamiento de la disciplina, gran desconcierto y murmuraciones, huida de los mandos naturales de las tropas, el uso de las armas con un muerto y un herido en el tiroteo acaecido y todo un listado inmenso de acusaciones, pidiendo un total de 21 penas de muerte, 11 cadenas perpetuas, 8 reclusiones temporales, 22 de prisión mayor. El defensor, el tal Prudencio Guzmán, que era uno más de los fascistas, solicita la libertad de los detenidos pero casi no dijo nada durante todo el juicio.

Me llamó mucho la atención como aquellos militares facciosos no se cortaron ante aquellos supuestos compañeros de armas, también militares como ellos, posiblemente con valores y principios similares, basados en el honor y la defensa de España, que seguramente hasta meses antes compartían alguna copa, algún partido, de fútbol, aficiones, encuentros y charlas.

El odio que había en aquella sala entre miembros del mismo ejército se podía cortar en el aire. Tras dos días de deliberaciones, el 17 Octubre 1936, el Consejo de guerra dictó veintiuna penas de muerte, una cadena perpetua (30 años) cuatro reclusiones temporales de 20, 16, 14 y 12 años, una prisión mayor de 8 años y veinticuatro absoluciones.

Los llantos de los militares llenaban la sala, sobre todo los que iban a ser fusilados en el campo de tiro de La Isleta casi de forma inmediata, aquello era una cosa terrible, no había forma de explicar tanto dolor. A los veintiún condenados a pena de muerte se los llevaron enseguida a la Batería de San Fernando, que se constituyó en capilla, siendo fusilados al día siguiente, en la tarde del jueves 22 de octubre de 1936.

Los fusilaron en dos tandas: A las 16 horas 8 condenados (5 militares y 3 civiles) y a las 16,30 horas 13 condenados (9 militares y 4 civiles), convirtiéndose en el mayor fusilamiento de este campo de tiro en su historia. Los tiros sonaban con un estruendo que estremecía el alma, todos estábamos con la boca seca, nunca imaginamos que pudieran ser tan crueles con otros militares, que a fin de cuentas lo que habían hecho era defender por unas horas la legalidad vigente.

Luego metieron los cuerpos en un camión que le llamaban en el campo de concentración, «el de la carne», para después echarles varios sacos de cal viva en el suelo y encima de los cadáveres, luego partieron hacia la fosa común del cementerio de Vegueta a paso lento, como exhibiendo las «piezas de caza, bajando por la calle Faro de La Isleta, la calle Albareda, León y Castillo, Triana, etc., dejando un reguero de sangre que daba miedo, las calles estaban rojas por aquellos pobres desgraciados acribillados a balazos, nadie se atrevía a echar un chorro de agua para limpiarla por miedo a represalias, ya en el cementerio los tiraron dentro de la fosa.

Los dos hermanos extremeños de 22 y 24 años, fusilados en la primera tanda, iban uno sobre el otro en el camión y cuando los echaron en el agujero también estaban muy cerca, se parecían mucho, eran como gemelos y los compañeros me dijeron que era difícil saber quien era Juan y quien era Lorenzo Sánchez Barragón.

Hombres de Asturias como José Casas Remis, de Zamora como Germán Álvarez Santiago, de Guipúzcoa como Jesús Butrón Arquiñena, de Córdoba como Luis Castro Peña, de Madrid, como Gerardo Rueda Aparicio, de Huesca como José Subirá Tomás, de Cáceres como Juan Nevado Durán, de Cádiz como Jesús Moreno Gallego, de Soria como Pedro Calvo Calavia, de Murcia, como José García Garrido, de Tetuán, como Rafael Bentolilla Cajil…, hasta completar la lista de veintiuno, todos siguen en la fosa común del cementerio de Las Palmas en el barrio de Vegueta, nadie de ninguna institución pública hace nada por sacarlos de allí, sangre gloriosa de los pueblos de España, sangre que no ha tenido ni justicia, ni reparación, jamás olvidaremos ese día tan triste…

«Testimonio de Manuel Cabeza Iturbe, cabo primero nacido en Logroño, destinado en el cuerpo de Artillería, del Cuartel de La Isleta, en los años del genocidio.

Entrevista realizada por Francisco González Tejera el 18 de enero de 1997, en Ezcaray, Rioja Alta.

Datos extraídos de libro: ISLETA/PUERTO DE LA LUZ: CAMPOS DE CONCENTRACIÓN, editado en 2002, por su autor, JUAN MEDINA SANABRIA.

Imagen: «Resistencia de Cabo Juby» (Revista Interviú).

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