30 septiembre 2020

Los sueños del hambre infantil

Aunque fuera tan chiquitita Dácil sabía que el
hambre que pasaba no era culpa de su mamá, pensaba que era pura mala suerte lo
que le pasaba a su familia, que por eso tenían que ir cada día al comedor
social, donde ya no solo había personas alcohólicas o drogadictas, sino cada
vez más gente sin adicciones, más niñas y niños desnutridos de cada rincón de
Las Palmas de Gran Canaria.

Se pasaba mucho rato entretenida con los juguetes de
segunda mano que le habían dado en los Servicios Sociales, miraba los colores
del Lego, trataba de montar cada pieza pero no le salía, solo lograba
estructurar parte del juego, se imaginaba que eran pequeños extraterrestres y
se inventaba historias de planetas lejanos donde los saurios habían tomado el
poder.

En aquellos lugares imaginarios parecía haber más
justicia, todas las personas tenían comida suficiente y los adultos trabajo,
había viviendas de sobra y la policía no venía con cascos, escudos, porras y
pistolas a desalojar a la fuerza a familias enteras como le había pasado a
varios de sus amiguitos del cole.

Los gobernantes eran gente cercana, que se paraban
por la calle a saludar o visitaban cada barrio, cada calle, preocupados por el
bienestar de la mayoría, nunca había escándalos de políticos ladrones como los
que salían tan a menudo en la televisión.

Aquel paraje de fantasía daba esperanzas a la niña y
estaba segura que alguna vez sería posible comer bien cada día, no tener que
hacer colas para la bolsa de productos alimenticios caducados que le daban a su
madre en la parroquia.

Todo se venía abajo cuando llegaban al comedor, veía
las caras desesperadas de aquellas personas, se encontraba con niños de su
barrio de Cruz de Piedra, aquellos padres flacos, desnutridos, ropas que no
eran de su talla, ojos tristes que la miraban como hablándole sin decir nada.

Salían por la tarde a caminar hasta el Parque de Las
Rehoyas, le dolía la barriga y la cabeza cuando no era suficiente la comida,
faltaba muchas veces el desayuno o la cena, se agarraba de la mano de su madre,
no tenía ganas de jugar con otros niños, prefería llegar a casa, introducirse
en los sueños mágicos y viajar al mundo de la justicia.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es

Gente buscando comida en la basura en Madrid
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