30 septiembre 2020

Morir comiendo basura y el ministro Cañete sorbiendo putrefacción

El orondo ministro Cañete, español del PP, “hombre
de bien”, según los parámetros de los amigos del sobre, patriota para más
señas, llamaba a su pueblo a alimentarse de comida caducada, bromeaba hace unos
meses comiendo yogures pasados de fecha en cualquier acto público, como si
fuera algo gracioso aconsejar, recomendar, sugerir, que las millones de
personas que pasan hambre en el estado español se alimenten de comida podrida.
 
Sus coñas  marineras y sarcásticas bromas le salieron caras este triste,
frio y brumoso fin de semana, donde una familia andaluza moría intoxicada
después de ingerir alimentos en mal estado. Un padre, una madre, una hija, se
revolcaban de dolor antes de fallecer, una unidad familiar más de las millones
que en toda España sobreviven de ayudas sociales y bancos de alimentos, sufriendo el olvido de un gobierno, de un estado, que solo existe para los millonarios y
otras bandas organizadas, que suministran el néctar de dinero fácil de la
corrupción a sus máximos representantes.
 
Las colas interminables de ciudadanos/as de
madrugada esperando un desayuno caliente, ya son la tónica general en cada
rincón de esta desgraciada cárcel de naciones, personas mayores revolviendo en
la basura la comida diaria, jóvenes y niños/as harapientos/as aguardando que las
grandes superficies comerciales desechen las sobras, los restos del consumo
desmedido, para poder alimentarse en ese crepúsculo de lluvia, calor o niebla.
 
Buena gente honrada, al margen de la morralla política
empeñan sus escasas posesiones, venden su oro, aquellas humildes joyas que se
regalaron un día como gestos de amor, viven aterrorizados/as ante la que se
avecina, ante las nuevas medidas de un gobierno que sigue los dictados de la
mafia europea de la troika, el BCH y otras organizaciones delictivas
internacionales.
 
La miseria ya no es algo lejano que veíamos pulular entre
cartones y vino Don Simón desde la guagua, ahora en cualquier túnel, boca de
metro o cajero automático, la gente empobrecida se refugia del frio invernal,
muchas después de ser desahuciadas de sus viviendas por la mafia. La pobreza inunda nuestras
pupilas y casi nadie imaginaba que esta situación se produjera, la esencia
putrefacta del capitalismo, donde el ser humano no tiene valor, solo el dinero,
el poder y el crimen organizado.
 
En estos momentos familias enteras tiemblan de frio y hambre en muchos lugares del estado español, sufren
los efectos colaterales de la marca España, el invento perfecto de quienes se
enriquecen ilícitamente saqueando y privatizando todo lo público, el mal llamado estado del
bienestar, ese invento de un sistema corrupto, cuyo único objetivo ha sido y es hacernos
creer, convencernos, de que todo va bien mientras ellos/as roban a manos llenas.
 
El ministro Cañete descansa ahora mismo calentito en
su inmensa y lujosa mansión con cagaderos en cada rincón, rodeado de lujos. Ya
se olvidó de la muerte de esta familia asesinada por un estado terrorista. Sorbe
el sabroso vaso de Chivas Reserva, se fuma el habano que le regaló el amigo y discapacitado
presidente del gobierno. Todo da igual, piensa, solo son unos/as muertos/as
más, estos/as no se han suicidado como hacen tantos/as cada día por razones
económicas en la sanguinaria piel de toro, se han matado esta vez
envenenados/as, revolviendo en la basura, llenándose la boca de bacterias, de
dolor, para poder sobrevivir una noche más en medio del abismo.
 
 
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