26 septiembre 2020

Pasarela Moda Cálida entre la miseria y el hambre del pueblo canario

Un año más el glamur
en ingles barato llega a las Islas Canarias ¡Qué guay! semos europedos, gracias
a los presuntos compadres peperos isleños de Bárcenas y “El bigotes”, como un
tal Bravo de Laguna, presidente plenipotenciario del Cabildo y otros
virreinatos, que potencia la vulgar y provinciana idea del ministro repsoliano, de montar cada año a lo grande, financiado con más de 800.000 euros de
dinero público, una nueva edición de la “Swimwear Fashion Show”, en castellano,
la “Gran Canaria Pasarela Moda Cálida”.
 
Un nuevo
despilfarro millonario para que cuatro gatos luzcan palmito, que los de siempre
muestren obscenamente sus modelitos sobre la alfombra de las vanidades, sin que
este evento tenga ninguna repercusión internacional, ni contribuya a la
solución del empobrecimiento generalizado de nuestro pueblo, sirviendo
exclusivamente para que pijas concejalas, católicas consejeras, altaneras,
teñidas, prepotentes diputadas, enchaquetados diputados, orondos constructores
con sus engalanadas esposas, junto a otras tribus de la oligarquía casposa se
mezclen y se relacionen en su particular dolce vita, se pasen a costa del
dinero de nuestros impuestos varias “noches inolvidables”, entregados al fervor
frívolo de los modelitos, la anorexia, el “¿cómo va lo mío?”, los papeos caros,
el champan francés, el caviar y otros vicios innombrables. La inmensa
hipocresía de seguir celebrando su particular “fiestuki” a todo tren, por el
lado más bestia de la vida, mientras la mayoría del pueblo canario sufre y
muere bajo el umbral de la pobreza.
 
Es absolutamente inmoral
que en un archipiélago con una media en 2013 de más de 30 suicidios mensuales,
uno diario, por razones económicas (informe emitido por los forenses canarios
esta misma semana), con uno de cada tres niños y niñas sufriendo desnutrición,
según datos recientes de la Unicef, con un 35% de personas desempleadas, con
los bancos de alimentos y comedores sociales desbordados, con casos claros de
familias enteras que se encuentran en situación de hambre y pobreza. Una
realidad vergonzosa que con este panorama tercermundista y dramático, estos
amigos del cachondeo diario, la vida loca y el despiporre, siempre a costa del
pueblo, se saquen de la manga otra edición de esta pasarela de la hipocresía y
la tristeza.
 
La casta política
justifica su tinglado hablando, como siempre que mueven pieza donde hay pasta,
de creación de puestos de trabajo, de promoción de Gran Canaria en el universo
del vacilón, de “que esto es la ostia ¡guauuuuu!” y lo mejor que ha pasado por
esta tierra, entre otros alegatos del “amo a Laura emprendedor”, que no
convencen a nadie, solo a ellos mismos, a todos los que sacan buena tajada de
este perfecto bussines siniestro.
 
En ediciones
anteriores nos hemos encontrado, entre otras señoronas de luxe, a las nuevas
ricas vestidas de faralaes, como la senadora de Triana Alta (Risco de San
Nicolás para la mayoría), PPepa Luzardo, con su falda negra y una camiseta de
manchas sin haber cenado huevos fritos con chorizo, estilo verbenero de los setenta,
acompañada de la actual concejala de cultura del Ayuntamiento de Las Palmas GC,
la mujer del pelo rojo, que también tiró de diseño tecno, recordando viejos
tiempos discotequeros de amanecida y churros recalentados, vestida de muñeca de
porcelana años 30, mostrando las dos derechosas el lado oscuro de la moda, la
horterada congénita, que lo que consigue es desprestigiar a los pocos
diseñadores serios que deben quedar en este selecto mundillo.
 
Hay modelos que
después de sufrir experiencias laborales nefastas se sentaron a escribir lo que
hay detrás de este parné “amargoso”, como la directora del Vogue australiano,
Kristie Clements, que contó todo lo que vio durante 25 años como empleada de
esta revista, donde creó The Vogue Factor,
un libro disponible en edición digital, que airea los trapos sucios de la
industria de la moda.
 
Estas memorias se
cargan de un plumazo la deslumbrante fachada de la moda, subrayando los
terribles extremos donde llegan las modelos para mantenerse delgadas,
asegurando que mienten cuando aseguran que se alimentan bien, cuando de puertas
adentro comen pañuelos de papel para mantener el estómago lleno, como el caso
de la modelo Amy Lemons, que aseguró que sus compañeras  tragaban cada día bolas de algodón empapadas
en zumo.
 
Según The Vogue Factor los grados de delgadez
varían según el territorio. Una modelo exitosa en Australia debe bajar dos
tallas para pisar una pasarela extranjera. Una pérdida de peso que se conocía
en las oficinas de Vogue como “delgadez
parisiense”.
 
Modelos que se
pinchan suero para no comer y obtener la “talla adecuada” para los parámetros de
esta caterva, que esclaviza mujeres y fomenta entre las chicas jóvenes tallas
imposibles, para entrar en lo modélicamente correcto de la talla 34.
 
Bravo de Laguna, el
Consejero Domínguez y el ínclito religioso responsable de turismo Camón, nos
traen cada año a Gran Canaria esta lastrada realidad, con la excusa del “negocio
fácil” y la mentirosa solución a todos los problemas de nuestro pueblo.
 
La culminación a
tanto despropósito la tuvimos hace unos años en el desfile que Marca España
organizó en el Parlamento Europeo, donde desarrolló su show “Cook & Fashion”
entre escándalos de corrupción política, mostrando a una modelo anoréxica, tan
delgada que se le marcaban todos los huesos de la columna, vistiendo la
creación nupcial de Victorio & Luccino, con la imagen de una pobre chica
decrepita y esquelética.
 
Queda claro que a
los diseñadores de alta costura y a los incultos políticos canarios que pagan
con el dinero de la sanidad, los servicios sociales y la educación este tipo de
eventos, les gusta, les pone, este tipo de mujer, quizá por eso casi todas las
peperas que se meten en política se tiñen de rubio y se disfrazan de horrendas
barbies a lo Cifuentes, menos algunas que por su gordura a lo Barberá les
resulta imposible por razones obesas.
 
Los medios de
comunicación del régimen en Canarias dan máxima cobertura a Moda Cálida, tal
como hacen en otros eventos, que tratan de seguir alienando y pisoteando los
derechos del pueblo de unas islas saqueadas.
 
Todo sea por el
inmundo sueño de la patética alfombra roja, de creerse por una noche las reinas,
los reyezuelos del inframundo del lobby fashion.
 
Vergonzoso.
 
 
La fiesta del despilfarro
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