30 septiembre 2020
Ya no abría las cartas del banco casi por miedo, aquella negociación se había agotado y ya el director de la sucursal se negaba a recibirla. Solo quedaba la notificación judicial con la fecha del desahucio de aquel pisito en el barrio de La Isleta. Aquella entidad bancaria que le prometió todo tipo de parabienes cuando cerraban la hipoteca, ahora la acosaba con frías cartas amenazantes. No había salida solo esperar a que llegara la policía y los desalojaran de su hogar a ella y a sus cuatro hijos menores de 7 años, incluso a Roberto con su discapacidad profunda acostado siempre en la cama junto a la ventana del salón.

Pedro, su marido no quiso nunca asumir cuando se separaron la responsabilidad del pago de aquella humilde casita. Carmen se vio sola con los gastos de toda la familia, limpió muchas casas, cantidad de locales, hasta que enfermó de aquel mal incurable que le depararía una muerte segura antes de cinco años. Ahora esperan los cinco abrazados en silencio con la luz cortada a que llegue ese momento terrible, ese gesto de inhumanidad de la mafia económica que dirige los bancos, que marca las directrices de los que gobiernan con corazones oscuros y siniestros esta pobre patria.

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