30 septiembre 2020

Por desgracia hijos del mismo siglo

La
barbería de Tamaraceite era el lugar ideal para buscar información,
por eso el coche negro, un Ford americano, aparcó en la carretera de
tierra junto a la iglesia, interrumpió el escaso tráfico, Manolito
H
iedra, que venía con su carro
cargado de sacos de papas, arrastrado por un burro tuvo que esperar
por los dos somatenes.

El
más alto de los hombres llevaba un traje negro impecable y una
corbata azul, gafas negras y el pelo peinado hacia atrás con
brillantina. Se quedó mirando con mala cara al pobre jornalero que
bajó la cabeza muy asustado con la boina calada hasta las orejas:

-¿Qué
pasa carajo? ¿Qué miras cabrón de mierda?- dijo el fascista
conocido como “Cabral”, mientras Hiedra temblaba de miedo.

Dentro
del minúsculo recinto estaba Juanito Sosa el barbero leyendo el
periódico:

-Buscamos
a Gregorio Suárez- dijo el otro policía, un gallego, apellidado
Muiños, con una cicatriz en la parte inferior del ojo derecho y un bigote muy fino sobre sus labios.

Al
barbero le temblaban las piernas, sabía a lo que se arriesgaba si no
daba la información adecuada, se les quedó mirando con mucho miedo,
se apreciaba claramente el bulto de las pistolas bajo las chaquetas
negras.

En
el pueblo no se olvidaban de los crímenes cometidos desde el golpe
de estado, las decenas de desaparecidos, los fusilados junto al
alcalde comunista Juan Santana Vega, pasaban los años desde el 36 a
comienzos de los 60, pero el miedo estaba incrustado hasta la médula
de cada vecino, nadie se atrevía a mencionar todo lo que había
pasado, la persecución, las torturas salvajes, las vejaciones sobre
cientos de habitantes del municipio, las violaciones a las mujeres
más jóvenes, el robo de los hijos de los asesinados para venderlos
a familias vinculadas al régimen:

-Gregorio
se fue pa Venezuela hace años- dijo el barbero y Muiños cerró la
puerta de una patada, le dio un
cabezazo y
lo levantó del suelo contra el espejo de la pared:

-Habla
hijo de puta, dinos donde está Gregorio o te parto el pescuezo-

Afuera
Manolito escuchaba los gritos de los fascistas, el burro estaba muy
inquieto y trataba de soltarse del carro para perderse galopando, la
gente que subía andando por la Carretera General aceleraba el paso
asustada, dentro el barbero estaba ya casi asfixiado, tenía una
herida profunda en la cabeza por otro violento golpe con el mango del
revólver de Cabral:

-Está
escondido en la casa de su sobrina, Rosa Tejera, en La Montañeta, está metido
en la cueva de la habitación del fondo, en un agujero bajo tierra-
dijo el barbero con la voz rota por la
estrangulación
y la
conmoción de los golpes.

Con
una sonrisa irónica el guardia Cabral ordenó a Muiños que lo soltara, que
lo dejará en el suelo, mientras se arreglaba las patillas con una
navajilla de afeitar.

Juanito
se quedó acurrucado en una esquina mientras los dos hombres
abandonaban la barbería en silencio.

Afuera
escuchó como se cerraban las puertas del auto, el ruido del motor,
las pisadas del burro y el sonido de las ruedas oxidadas del carro.

Eran
las cuatro de la tarde pero parecía de madrugada, Tamaraceite estaba
en silencio, solo algún pájaro revoloteaba y cantaba en los laureles de India de la plaza, el sabor de la sangre en una boca
seca, casi muerta, sin saliva.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es

Dibujo de Castelao en la serie Galicia Mártir. (Febrero de 1937).
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