1 octubre 2020

Rajoy como Calderón y Uribe, condenándonos a la oscuridad y la violencia

El silencio sepulcral se
siente en las calles de mi ciudad, ya casi nadie tiene trabajo, el tráfico
disminuye, los taxistas se arruinan, cierran los negocios y el desaliento se
palpa en cada esquina.
 
La capacidad de
lucha parece extinguida y la droga inunda los barrios humildes, introducida por
quienes todos sabemos, con el objetivo de alienar a la juventud, quitarles lo
poco que les quede en sus castigadas neuronas de reivindicación y combate por
un mundo mejor.
 
Esa tremenda
barbarie que recorta las pensiones de personas mayores que han trabajado toda su
vida como esclavos del capital, robarles parte de la prestación por desempleo a
quienes no tienen trabajo, expulsar y desahuciar de sus casas a familias humildes que no pueden
pagar las estafas bancarias de las hipotecas, condenar a enfermos dependientes
a una muerte segura retirándoles todas las ayudas, obligar a marcharse al extranjero a
toda una generación de jóvenes sin futuro.
 
Es la excusa de los
mediocres gobernantes que se basan en agradar a la mafia de la Unión Europea y a
la troika de ladrones compulsivos, ajustar los objetivos de la mierda del
déficit, de la estafa de unas reformas planificadas para conducirnos al abismo
del hambre y la miseria, mientras estos delincuentes se hacen multimillonarios
a costa de nuestros derechos, de nuestras vidas arruinadas y en manos de
criminales de guante blanco.
 
Este parece ser el
camino elegido por el régimen español: avanzar hacia la estrangulación total de
su pueblo, arrebatar hasta la última brizna de esperanza, convertir a la clase
trabajadora en mano de obra barata para sus prostíbulos y casinos, como el que tienen
previsto montar en la capital del reino en pocos meses, por supuesto, como no
podría ser de otra manera, de la mano de la bien pagada lideresa
ultraderechista y su comparsa del miedo y la muerte.
 
El sendero gubernamental
de la represión roza ya el fascismo con todo tipo de embestidas, malos tratos,
torturas, asesinatos impunes, agresiones a manifestantes que pierden sus ojos
por las balas de goma, criminalización de las organizaciones y personas que
defienden los derechos civiles, la persecución de quien difiera del estatus quo
del latrocinio y el pelotazo, de lo mafiosamente correcto.
 
Ya lo venían
haciendo desde hace muchos años en países hermanos como Colombia o México, donde
presidentes como Uribe o Calderón asesinaron o desaparecieron entre los dos en poco tiempo a
más de 80.000 sindicalistas, defensores de los derechos humanos o activistas de
la izquierda revolucionaria.


Un premeditado genocidio en toda regla, crímenes
de lesa humanidad patrocinados por empresas y multinacionales extranjeras, entre
las que se puede destacar a varios emporios españoles del petróleo, la
electricidad, la telefonía o la banca, que han conducido a estos pueblos a
situaciones de inmenso empobrecimiento, para beneficio exclusivo de mafiosos
millonarios sin escrúpulos, que han construido sus fortunas con las manos
manchadas de sangre.
 
El capitalismo salvaje
disfruta y crece entre la desolación y la basura sistémica, viviendo de la
explotación de la empobrecida masa trabajadora, del hambre infantil, de los
centenares de suicidios diarios de personas desesperadas que no aguantan más los chantajes y las injusticias.
 
Por eso este gobierno y los anteriores, desde los tiempos de la traición-transición, han
pactado con la Europa de los mercaderes un futuro de esclavitud para nuestro
pueblo, hipotecando el mañana en deudas impagables, en “rescates” para mafiosos
banqueros que no se cubrirán en los próximos 200 años, que nunca podrán
ser saldados, porque están diseñados para masacrar, para asesinar, para
matarnos de miseria y desolación, para enriquecer a los que ostentan el poder
político y empresarial, pisando la cabeza de la mayoría de la población.
 
Impresiona la dureza
de los crímenes y ajustes de cuenta que se están produciendo en los últimos
meses en un estado arrasado. A principios de esta semana vimos en los medios el de esa pareja
holandesa torturada y descuartizada salvajemente hasta la muerte en Murcia.
 
La violencia de
estado atrae la violencia criminal, como dicen los frívolos enriquecidos que  “dinero llama dinero”, la mafia campa a sus
anchas en la España de las maravillas para unos pocos, premiando a los
defraudadores, a los ladrones, regularizando sus estafas con vergonzosas amnistías
fiscales.
 
Este parece ser el
modelo a seguir en el futuro inmediato, el imperio del crimen en connivencia
con la casta del sobre y la prebenda.
 
El tiempo estará a
favor de la maldad si no somos capaces de inyectarle dosis inmensas de claridad,
revoluciones y estrellas.
 
 
Democracia a la española
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