2 diciembre 2020

«Resiste, Luis! Más tarde te llamaré»: La mafiosa destrucción de la ecología canaria

Cuando la putrefacción inunda un estado destruido y
arrasado por la corrupción política, las falsas señales de humo de un gobierno
aplastado por las malas prácticas y sus presuntos 20 años de financiación
ilegal, tienen menos sentido que nunca. Ya nadie se cree nada y todo lo que diga
este inútil presidente y sus huestes sobrecogedoras huelen a mentiras, a
pelotazos, a aeropuertos sin aviones, a cajas de puros habanos repletas de
billetes de 500 euros podridos de prebendas y favores.
 
Hace unos años cuando decías en cualquier círculo que lo
que movía la política del estado, de las Islas Canarias, eran los maletines
donados por constructores a los grandes partidos, había gente que te miraba
mal, y te veían como un radical trasnochado, exiliado espiritual en los años de
la Sierra Maestra y las hazañas del guerrillero heroico.
 
Ahora este argumento lo tienen claro hasta los
tertulianos del régimen, que nombran sin cortarse a las mafias del cemento,
pormenorizando las cantidades aportadas a los partidos del sobre, a cambio de
adjudicaciones de obra pública, de sucios pelotazos y otras prácticas mafiosas.
 
En Canarias esta ha sido la práctica habitual en tantos
años de holocausto ecológico, donde todo tipo de poceros herederos del
franquismo, se han hecho millonarios con la complicidad de la casta política,
arrasando por un territorio de un valor natural incalculable, inundando de
cemento playas vírgenes, espacios naturales, yacimientos arqueológicos,
enterrando bajo un manto de dinero negro la identidad cultural de nuestro
pueblo.
 
El “vale todo” ha sido la tónica habitual entre
maletines, copeteos en el Gran Casino, compadreos, favores, tráficos de influencia
y prevaricaciones varias, que han conducido a estas islas a un estado de coma
natural, donde los apartamentos nichos mortuorios inundan los mágicos
acantilados, para aprovechar hasta el último metro cuadrado para el expolio y
la especulación.
 
Ahora en los papeles de Bárcenas aparecen los nombres de
las poderosas constructoras que han destruido las islas, de una empresa de
seguridad con adjudicaciones millonarias a golpe de sobrecitos, de los
sinvergüenzas de la excavadora que han arrasado y arrasan por nuestra tierra,
por parajes únicos en el mundo, sepultando bajo los escombros a una fauna endémica
sin casi espacio para sobrevivir, a los restos de nuestro pasado, de aquel
pueblo originario que soportó los abusos, los crímenes, las humillaciones de una
corona castellana sanguinaria y genocida.
 
A pesar de tanto escándalo, de que ya se conozca en el
mundo a España como la madre de todos los sobres y corruptelas, todavía les
quedan ganas de seguir destrozando nuestro medio natural, de cargarse la
moratoria turística para seguir llenando de mierda, teleféricos y ladrillos nuestra
tierra, por supuesto con la excusa de la falsa creación de puestos de trabajo,
de un desarrollo insostenible que solo beneficia a unos oscuros personajes
extraídos de las mejores novelas de Mario Puzo.
 
 
Cesar Manrique y Ginés Díaz en los años 80 contra la mafia del cemento 
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