1 octubre 2020

Robertillo solo quería lechita caliente

La pobre muchacha apretaba al niño chiquito Robertillo
contra su pecho, tenía la esperanza de que no se lo vieran en el momento de la
ejecución en el pozo de la finca de El Maipez, en el municipio grancanario de
Telde.

El jefe falangista conocido como “Capitán Soria” fue
el encargado de llevar al grupo de mujeres y hombres hasta la finca de los
Ascanio, muy cerca de la Sima de Jinámar para arrojar al fondo del pozo al
grupo de antifascistas.

Gloria Martel Rivero se aferraba a lo que más
quería, aquel trocito de cielo de solo dos meses de edad, lo escondía envuelto
en la mantita de lana de oveja, pero los falangistas se lo arrebataron en el
momento preciso, justo cuando Soria dio la orden de lanzarles al abismo, el
requeté Fernando Benitez de Lugo le quitó a su bebé de los brazos.

En el grupo de reos estaba el maestro republicano granadino
Sebastián Hinojosa, el sindicalista de Aguimes Juan Ramón Morales y la anciana partera
Mercedita Artiles, todas atadas con las manos a la espalda con la soga de
pitera, las muñecas rotas, ensangrentadas por la presión del amarre de los
criminales fascistas.

El chiquillo lloraba, el sonido de sus llantos
desesperados penetraba molesto en los oídos de los asesinos, inundaba el
silencioso paraje de madrugada, quería seguir mamando lechita caliente de los
pechos de su madre, su protección, pero a Soria no le tembló la conciencia
cuando ordenó que lo callaran.

Se lo dieron al policía local de Carrizal de Ingenio
Antonio Bordón que lo apretó estrangulándolo, cada vez más fuerte, hasta que
solo se escuchaba un chillido tenue, como el sonido que emiten los gatos cuando
se acercan a la muerte, se trataba de callarlo como fuera, Gloria gritaba, casi
aullaba.

-Denme a mi niño hijos de puta, denme a mi niño, dejen
que se muera conmigo asesinos.

Bordón lo dejó en el suelo junto a las botellas de
ron del charco que tomaban los fascistas para sus crímenes, un bulto pequeñito,
inerte envuelto en la vieja manta de la abuela Susa, parecía un angelito que
dormía.

Su madre caía al fondo del pozo junto a los
compañeros, los falangistas salían en el camión del tabaquero Eufemiano Fuentes
a buscar a más víctimas para otro pozo allá en la finca de La Noria en Jinámar del sureño Conde de la Vega, este ya estaba demasiado repleto de cadáveres.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es

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