29 septiembre 2020

Sabina-Serrat en el boulevard sionista de los sueños rotos

El concierto de Sabina y Serrat en el
estado asesino de Israel el pasado 21 de junio, nos confirma como
toda una trayectoria cantando en defensa de las libertades, se puede
echar por tierra sólo por dinero. Estos dos cantautores que llegaron
a estar exiliados en la dictadura franquista, se han despojado de
toda implicación social y han actuado en un país que cada día
tortura y asesina a miles de palestinos.
Mientras tocaban afablemente
con gesto cómplice, el eco de sus voces rebotaba en esos muros de la
vergüenza donde miles de personas yacen hacinadas, sin rumbo,
echadas a golpe de metralla de su propia tierra. Allí, en los
confines del destierro, no les llegaba el canto esperanzador de esos
dos tipos con risas ampliadas por el marketing, que cantan a Chavela
Vargas, al amor, a la paz y al optimismo.
De nada ha servido la campaña de
recogida de firmas de la Red Solidaria contra la Ocupación de
Palestina, RESCOP, plataforma que aglutina a cerca de 40
organizaciones de todo el Estado español solidarias con este
sufrido pueblo. Sabina y Serrat decidieron actuar obviando la sangre,
los crímenes, la muerte de niños y niñas destrozados por las balas
y misiles sionistas. Estos cantautores que antes cantaban a la
libertad y protestaban en primera fila en contra de las injusticias,
hacían oídos sordos al llamamiento humano y justo de un pueblo
inocente y humillado.
El Estado de Israel vulnera
constantemente la legislación internacional, y sin embargo nadie
interviene. Viola con total impunidad, los principios generales de
los Derechos Humanos en una brutal ocupación ilegal, que ha causado
en los últimos años miles de muertos y el sufrimiento extremo de
todo el pueblo palestino.
Estos datos siniestros y terribles no
parecen afectar para nada a los dos millonarios artistas que se
embolsaron un suculento caché, bromeando de forma frívola ataviados
con sus bombines, olvidando y dando la espalda a una nación sometida, ocupada e invadida por el ejercito fascista de Israel. Y
estos dos fiesteros que se han unido para rentabilizar nostalgias,
saben que Israel no permite el derecho legítimo al retorno de más
de 6 millones de personas refugiadas, que sigue practicando una
política discriminatoria de Apartheid contra la población palestina
con ciudadanía israelí.
Al contrario que Serrat y Sabina, cada
vez hay más artistas e intelectuales con verdadera conciencia que
han comprendido la importancia del Boicot al sionismo, y han hecho
pública su negativa a entrar en territorio israelí. Personajes de
la talla de Eduardo Galeano, Elvis Costello, Emma Thompson, Santana, Jean-Luc Godard, Vanessa Paradis, Mike Leigh, Pixies Gorillaz, Ken
Loach y un largo etcétera de personalidades relevantes que muestran
su compromiso y solidaridad con un pueblo masacrado.
Qué lejos han quedado para Sabina los
años de compromiso social y compañerismo del bar madrileño La
Mandragora, junto a otros artistas de la talla de Alberto Pérez y el
cantautor perseguido por el fascismo español, Javier Krahe. Qué
paradójico resulta que Javier haya mantenido su coherencia y sea
ahora represaliado por los sectores más casposos y reaccionarios del
PP y de la Iglesia Católica, mientras el ínclito Joaquín le canta
sus canciones a un estado genocida.
La conclusión es clara sobre las
letras comprometidas que nos han ofrecido durante tantos años estos
dos hombres grises de traje gris-veleta. Todo ha sido, o al menos
ahora lo es, una vergonzosa mentira. Como si se tratara de
psicólogos que nos engañan a través del marketing, estos dos
estrategas con guitarra, van aprovechándose de nuestra sensibilidad
para no perder su fortuna y su cada vez más cuestionada imagen. Así
nos dejan, en el boulevard de los sueños rotos, a muchas de las
personas que hemos creído y crecido con los mensajes de sus
canciones.
Cuando interpretan a dúo “Para la
Libertad” del inmenso poeta comunista, Miguel Hernández, ellos
ahora, ni sangran, ni luchan, ni perviven, sólo cantan para
contribuir a su particular egolatría y estatus de “famosillos”
insolidarios, ahora aliados del sionismo y de un Estado de Israel
responsable directo del brutal genocidio contra el pueblo palestino.

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