29 septiembre 2020

Se precisan canciones para amanecer

Si fuera cantautor
no dejaría de componer, de hacer música contra la mafia gobernante testaferra de la delincuencia
financiera. Cambiaría cuerdas por sacos de balas con acordes y arpegios de
claridad, para enfrentar esta desolación, la brutal tristeza que invade las calles,
las plazas y los bulevares inundados de rostros desesperados. Una oscuridad
aderezada con recortes sociales, privatizaciones, suicidios, desahucios y esbirros
uniformados reprimiendo y torturando a quien se sale del rebaño.
¿Qué cantan los poetas?
Decía la canción. ¿Qué cantan los cantautores en estos tiempos terribles? Preguntan
las millones de personas que sufren las consecuencias de las políticas
fascistas de los responsables de esta estafa de crisis. Son necesarias hoy más
que nunca guerrilleras, guerrilleros alzados con guitarras y poemas de luz en
cada plaza, conciertos y coros combativos para terminar de una vez con este
sistema asesino.
No queremos Sabinas
que componen himnos para partidos ultraderechistas, ni parásitos mentirosos que
nos trasmitieron una imagen y unas canciones falsas para luego venderse al
poder. Se precisan voces nuevas, comprometidas como las de Víctor Jara, Silvio
Rodríguez, el genio Zitarrosa, el canto esdrújulo de Viglietti o esa voz inmensa de la negra Sosa. Cantores rebeldes y no entregados a las órdenes de sus
amos, que se juntan para pedir “democracia” en países que están a miles de
kilómetros y no para exigir el fin de esta dictadura, de este régimen que
genera tres suicidios diarios en el país de las maravillas de monarcas,
principitos, señoronas de peineta, lideresas fascistas y un presidente títere
de los usureros de la banca.
Son momentos donde
la creatividad está en cada esquina esperando sola, buscando colores y esperanza,
motivos para que la conviertan en canciones, que recorran como pájaros
encantados cada rincón de las conciencias, mover el mundo como en otras épocas de
luchas a muerte por un mundo mejor. No hay nada que perder y todo que ganar y
son necesarias esas guitarras que no se duerman esperando el alba, guitarras
jóvenes y viejas, con las cuerdas arrugadas pero sonoras como los gritos de
guerra del Che en la Quebrada del Yuro, como Paco Ibáñez en el Olimpia de París
acogiendo a parte del exilio antifranquista, la voz limpia de Raimon cantando “Al
vent” y levantando del asiento a centenares de estudiantes en la Complutense de
aquel mayo del 68.
Se precisan
canciones para amanecer. No permitamos que la oscuridad nos domine
y nos oprima la vida condenándonos al abismo. Tiene que llover, tiene que llover
a cantaros, todos y todas lo sabemos y en esa lluvia los ríos y barrancos crecerán
hasta inundar los palacios donde habitan los tiranos. Esos seres indignos que
no podrán jamás vencer la poesía, el libre pensamiento, derrotar esos trazos
mágicos que flotan eternos en nuestros corazones libertarios, las notas
perdidas que esperan ser compuestas y convertidas en simientes y trovas en el
claro de la luna.

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