29 septiembre 2020

Señores/as del PP, si el 15M y otros movimientos sociales fueran fascistas estaríamos en el mismo bando

El recurso del insulto,
la amenaza y la criminalización parece ser la dinámica general de algunos dirigentes
del PP, tratando de amedrentar a las personas que salen a las calles y luchan
por sus derechos robados, en contra del saqueo del gobierno y sus mariachis de
la putrefacta banca y el corrupto poder financiero.
 
Personajes tan
repelentes como multimillonarias como la secretaria general de la caverna
ultraconservadora, Dolores de Cospedal, acusando al Movimiento 15M en su
segundo aniversario de haberse radicalizado, la Delegada del Gobierno en
Madrid, Cristina Cifuentes, con la repetitiva y aburrida cantinela de que la
Plataforma de Afectados por la Hipoteca son fascistas o de ETA, demostrando que para ella
todo movimiento que no sea Falange, Nuevas Generaciones o los antiabortistas
son ETA.
 
También la ínclita y
perretosa lideresa, Esperanza Aguirre, sigue insultando a todos los colectivos
y personas que se movilizan defendiendo lo que les pertenece, los acusa de “pendencieros”,
de “camorristas”, lo hace con la impunidad de saberse protegida por sus
repletas cuentas corrientes, por un gobierno de sádicos que disfrutan viendo sufrir y pasando hambre al pueblo.
 
Otros igual de
rabiosos y enfermos de odio como el concejal pepero de Hacienda del Ajuntament
de Castelló, Juan José Pérez Martín, que esta semana en un artículo llamó a la
gente del 15M “híbridos de hiena y rata”, entre otros gravísimos insultos, más
propios de un sicario o de un camello de barrio, que de un político que cobra
del erario público un verdadero sueldazo.
 
Del encorajinado ex
diputado autonómico canario del PP, Sigfrido Soria, mejor no decir nada no sea
que como dijo recientemente sobre los escraches: “Como un perroflauta me acose,
la ostia que se lleva ni se la va a creer”.  
 
Sería muy largo de
enumerar y dar nombres de todos los responsables de las vergonzosas ofensas de
esta camarilla siniestra a los movimientos sociales, resultaría hasta aburrido
hacer un recorrido por las últimas barrabasadas de tipos y tipas tan deplorables
como el constructor de aeropuertos sin aviones, Carlos Fabra, que calificó
hasta de “hijos de puta” a los diputados de la oposición.
 
La ultraderecha
siempre ha tenido ese lenguaje grotesco y vulgar, lo usaron cuando llenaron las
cunetas, lo pozos y las simas de demócratas asesinados en 40 años de dictadura,
lo siguen usando ahora en esta falsa de democracia, diseñada para el
enriquecimiento exclusivo de los poderosos, mientras se pisotean los derechos
de la ciudadanía y de los sectores más desfavorecidos de la sociedad.
 
Parece que de nada
le han servido los colegios caros de curas y monjas, las misas y confesiones,
los casinos y clubs privados de alto standing reservados para los de su clase, los
máster y postgrados a todo tren en las mejores universidades del mundo, la
permanente dolce vita de no haber trabajado en su puta vida.
 
Su caciquil vulgaridad
medieval y explotadora parece ser genética, lo llevan en la sangre, en cada selecto
cromosoma, igual que sus antecesores del yugo y las flechas, por eso no
permiten que lo que ellos consideran “el populacho”, “los perroflautas”, los
afectados por la macro estafa de las preferentes, las personas desahuciadas de
sus casas y muchos más colectivos salgan a las calles a manifestar su
indignación, a protestar, a enfrentarse a sus podridas políticas del recorte,
el desempleo, la represión policial, el suicidio, la corrupción y el expolio
generalizado.
 
Se sacan fotos con
narcotraficantes y se van con ellos de vacaciones sin que pase nada ni dimitan,
acuden a fiestas de mafiosos en sus yates como hizo hace pocos años en Galicia
el sobrecogido presidente. Se comportan como verdadera gentuza de guante
blanco, barriobajeros de las casitas del barrio alto, que recurren al insulto
fácil, a la amenaza cuando temen perder sus privilegios ante un alzamiento popular,
ante ese cada vez más necesario estallido social que los borre del mapa, de la
triste geografía de un estado humillado, saqueado y exprimido.
 
Esta boca sucia de ciertas
y ciertos miembros de la derechona, ese estilo poligonero y cani/choni en sus
manifestaciones de rabia, son una muestra clara de su desesperación, del miedo
a tener que rendir cuentas de sus desmanes más temprano que tarde. Por eso
buscan el enfrentamiento directo con la ciudadanía, bien protegidos por parte
de la judicatura y de unas fuerzas represivas a su servicio, siempre dispuestas
a obedecer las órdenes, a usar la violencia, apalear o detener a quienes
ejercen el derecho constitucional a manifestarse pacíficamente.
 
La razón nunca
precisa de la ofensa y la descalificación, cuando se utiliza es que algo no
marcha bien, que temen algo, que quizá con la que tienen encima mejor deberían
callarse, que son tantos los escándalos y la situación del país que el único
recurso que les queda es tergiversar, acusar, criminalizar, ofender, mofarse de
quienes ejercen un derecho legítimo y democrático.
 
 
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