29 septiembre 2020

Si alguien roba comida

El
vergonzoso caso de Yurena Martín, despedida por llevarse 150 gramos de queso y
tres panes para dar de cenar a sus hijas en Tenerife, denota la realidad de las
empresas privadas a la que los políticos entregan la gestión de los servicios
sociales. En este caso la de un centro municipal para personas en exclusión,
donde supuestamente debería haber sensibilidad y unos mínimos para valorar una
acción que no supone delito, solo un gesto de necesidad para una mujer que con
un irrisorio sueldo de 400 euros al mes se ve obligada a vivir en una casa
ocupa con las niñas, que no tiene para alimentar a su familia, otra víctima más
de una sociedad en manos de psicópatas, de empresarios sin escrúpulos para los
que las personas somos números, seres humanos en situación de miseria y hambre
con los que obtener inmensos beneficios económicos.

Si
una empresa que se dedica a trabajar con personas en exclusión hace esto con
una de sus empleadas, que no hará con la gente que no tiene otra salida que
sobrevivir en la calle, una falta de sensibilidad en una zona del estado
español con inmensas bolsas de empobrecimiento extremo, suicidios por razones
económicas (uno al día), desahucios masivos, récord en desempleo, fracaso
escolar y listas de espera sanitarias, donde nuestra gente se muere en los
pasillos sin ser atendida.

Ningún
político debería hacer concesiones y adjudicaciones a empresas de nula compasión
social, los pliegos de los concursos públicos deberían tener entre sus
cláusulas apartados que contemplen el amor al prójimo, el respeto a los
derechos sociales y laborales, lo contrario es poner en manos de personajes sin
escrúpulos la gestión de algo que jamás debería ser privatizado, la destrucción
de los servicios públicos, de lo que ha costado tantos años conseguirlo, todo
tipo de luchas históricas, para que ahora con una frialdad quirúrgica se
reprima la necesidad, se deje a una madre con dos hijas sin trabajo por unos
trozos de pan duro y una lonchas de queso, alimentos que seguramente hubieran
acabado en la basura esa misma noche.

¿Es
esta la política social que nos ofrecen las instituciones públicas en una zona
devastada y embargada de miseria y hambre?

¿Despedir
a quien roba comida para alimentar a sus hijas?

Algo
no funciona, algo no encaja en esta sociedad, quizá este sea el futuro que nos
espera, la especulación con lo público, la destrucción de lo que llaman “sociedad
del bienestar” para beneficio de cuatro sinvergüenzas.

Qué fácil es mirar para otro lado y sospechar de la víctima en vez de quienes se enriquecen con el sufrimiento del pueblo, quizá un día te pase a ti y ya sea tarde para que se repare el inmenso daño.

Todo
mi apoyo a Yurena y sus niñas, que sepa que la única salida es la lucha y la
solidaridad contra un sistema criminal. 

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es/

Yurena, trabajadora del albergue de Santa Cruz de Tenerife que ha sido despedida 
por llevarse dos panes y 150 gramos de queso amarillo. 
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