25 octubre 2020

Si se abre la fosa del infierno

La
profesora de lengua y literatura, María Rosa Lemus, contaba entre
sus compañeros del Instituto de la calle Tomás Morales que en la
fosa del cementerio de Las Palmas no solo enterraban como basura a
los cientos de fusilados en el campo de tiro de La Isleta, también
había asesinatos a pie de fosa ejecutados por falangistas y guardias
civiles, el procedimiento era claro, dijo una vez borracho como una
cuba en un bar de San José Diego Romero, antiguo policía local del
barrio de Vegueta:

-Traían
hombres de distintos puntos de la ciudad de Las Palmas cuando ya la
tarde se mezclaba con la noche, los colocaban de rodillas ante el
agujero y un falange o miembro de la benemérita iba disparando uno a
uno en la nuca para que dos fascistas que iban detrás fueran
arrojándolos al agujero a patadas, cayendo los cuerpos unos sobre
otros y si alguno quedaba agonizante lo enterraban vivo-

Eran
tiempos difíciles aquellos años 60 en el municipio capitalino, se
multiplicaban las huelgas estudiantiles, cualquier excusa era motivo
para manifestarse, paralizar las clases: falta de asistencia
sanitaria en los centros, falta de material deportivo o escolar, eso
ponía de los nervios a la mayoría del profesorado, mujeres y
hombres colocados a dedo y sin oposiciones para formar a los jóvenes
en la ideología fascista.

Rosita
como le decían sus amigas y amigos más íntimos, los colegas
docentes más cercanos, no paraba de contarlo todo, ella siempre
decía que de niña vivía muy cerca del cementerio y que se acercaba
con otros niños y podía ver ocultos tras los muros las numerosas
ejecuciones diarias, desde 1936 a 1945.

Se
extrañaba la profesora de que todo el mundo guardara silencio,
incluso historiadores de la supuesta izquierda, incluso muchos
militantes del PCE o del PSOE, le parecía vergonzoso que personajes
que habían sufrido persecución y en algunos casos cárcel por
varios meses ahora callaran:

-¿Qué
oscuros intereses habían en este cementerio? Porqué estos tipos
hablaban de que si llegaba la democracia había que exhumar los
restos de los pozos de Arucas y Tenoya, pero la fosa de Vegueta
no, hasta algunos se atrevían con la Sima de Jinámar, aunque luego
con la borrachera en las fiestas de fin de curso se echaran atrás y
bromearan con lo dificultoso de llegar a su fondo, que
erróneamente
creían que conectaba con el mar a la altura de la Marfea.

Un
día gracias a un chivatazo de un compañero profesor del barrio de
Escaleritas con apellidos vinculados a la pequeña burguesía isleña
vino la policía preguntando por Rosita al instituto, este tipo era
miembro del PCE en aquel momento, incluso había estado muy cercano
al Comité Central en la clandestinidad isleña.

Rosita
les hizo cara, les habló pausadamente con una tranquilidad pasmosa:

-¿Es
que acaso una mujer profesora no puede contar la historia de lo que
en esta ciudad sucedió hace unos años? Porqué no quieren que me
exprese y le cuente a mis alumnos la pura verdad-

Al
momento la esposaron y la sacaron con las manos a la espalda delante
de todo el alumnado que en ese momento estaba en el recreo, se
escucharon algunos gritos de apoyo ante las miradas atónitas de los
policías y profesores del cercanos al régimen:

-Apunta
a los que han gritado Giraldez- dijo uno de los profesores que
presumía de ser de izquierdas y de estar contra la dictadura, esa
fosa no se toca, hay demasiadas personas importantes enterradas ahí
para que esta gorda esté removiendo mierda-

A
Rosita la metieron en un jeep gris de la policía armada, se la
llevaron a la comisaria de la Plaza de la Feria y de allí no salió
en varias semanas, la tenían en los sótanos torturándola
salvajemente.

La
expulsaron de la Delegación de Educación y un día no se la volvió
a ver, todo el mundo decía que se había marchado a vivir a La
Gomera con una hermana de su madre.

La
fosa común del cementerio de Las Palmas fue tabú y lo sigue siendo,
decía en baja voz Manolo Hernández, uno de sus compañeros que la
apreciaba:

-Mejor
dejar las cosas como están porque si se abre Vegueta se abrirán las
puertas del infierno-

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es

Fosa común cementerio de Las Palmas en la actualidad con las fotos de
dos de los enterrados, el alcalde Juan Santana Vega y el sindicalista 
Francisco González Santana (Foto Revista Interviú)
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