30 septiembre 2020

Su odio es el delito

El odio siempre
lo pusieron ellos desde aquel sábado 18 de julio del 36, cuando iniciaron un brutal
genocidio sin precedentes sobre la clase trabajadora española, un odio irracional,
añejo, ancestral, que huele a sahumerio, apestoso sudor húmedo de sotana, semen
seco de confesionario, pelotazo “gürteliano”, recortes sociales contra las
personas más débiles, un odio que siempre olió a sangre y a barro de fosa común
y cuneta, el mismo odio que encarcela raperos, a cualquiera que manifieste su
opinión en cualquier red social o medio de comunicación.

Su odio no
admite la disensión o la crítica, las opiniones contrarias, por lo mismo asesinaron
a más de 150.000 inocentes tras su criminal golpe de estado fascista, ese odio
que pone obstáculos para que miles de familias recuperen los huesos de sus muertos
enterrados en cada espacio para el exterminio.

El odio de
reyezuelos e infantas caprichosas con sueldazos vergonzosos, cuñados reales delincuentes
disfrutando de lo robado en Ginebra, ese odio atávico, compulsivo, ansioso,
sangriento, mugriento, viene de cientos de años de tiranía, de explotación, de
saqueos y robos a costa de un sufrido pueblo sin esperanza.

Encarcelar por
las ideas es el mayor acto de fascismo que puede cometer un estado, pretende cercenar,
amedrentar, anular la disidencia a golpe de vergonzosas sentencias
esperpénticas, ridículas, surrealistas, que no se sustentan en ninguno de sus
preceptos ante cualquier tribunal internacional de derechos humanos.

Su odio de
clase está impregnado de miedo a la ira de un pueblo masacrado que imparta la
verdadera justicia revolucionaria, saben bien que ese día llegará como siempre
ha pasado en la historia, por eso amordazan las ideas utilizando a sus sicarios
para acallar las verdaderas voces de la libertad y la democracia.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es


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