26 septiembre 2020

Tamaraceite blues

(…)
Me vienen a convidar a arrepentirme, me vienen a convidar a que no
pierda, me vienen a convidar a indefinirme, me vienen a convidar a
tanta mierda…

Silvio
Rodríguez – El necio
La
brisa de un pueblo en aquella mañana cuando conocí lo que había
más allá del mágico paraíso de mi hogar. Mis padres me dieron
por primera vez aquella pequeñita libertad de salir y cruzar solo
aquella barrera natural de coches y humo que era la Carretera
General. Estanques de barro y mucha vegetación en las numerosas
fincas de plataneras y frutales que emergían de una tierra prospera
y viva.

Aquel prematuro contacto con el mundo real no fue lo que esperaba, venía
repleto de un amor inyectado diariamente por mi familia, de perros
fieles amigos, árboles y muchas flores en ese pedacito de hogar
donde habitaba mis primeros años de vida. En mis andanzas encontré
mucha maldad y abusos de otros niños mayores. Nunca entendí esa
crueldad que sufrimos los que eramos considerados distintos
por algún extraño motivo. Vivimos escenas muy duras de agresiones,
burlas y contemplamos abusos sexuales continuados durante varios años
a dos hermanos menores bajo aquella enredadera y en la caseta junto
al campo de fútbol. Los hacían los mismos que nos acosaban y
ridiculizaban, unos personajes que se creían superiores por algún
oscuro motivo y no concebían que pudiéramos existir niños felices
y sanos.

Fue un
duro despertar de la inocencia, pasar de creer en los Reyes Magos a
sufrir las brutales agresiones, ver a niños más grandes, los
abusadores, teniendo relaciones sexuales con otros niños menores.
Son los retazos de una infancia perdida en los últimos coletazos del
sanguinario franquismo, una dictadura que se cebó con mi familia
asesinando a uno de mis abuelos y encarcelando al otro. Daba la
impresión de que ese terror infantil venía impregnado de aquel
régimen dictatorial, que aquellos acosadores no eran más que
espectros de los restos del naufragio de un sistema político
criminal.

Muchos
años después miro hacia atrás y contemplo con horror tantos hechos
nefastos de mi infancia en Tamaraceite. Los veo ahora y algunos me
saludan o simplemente me miran de lejos con cara extraña. Siguen
viéndome distinto por tener ideas de izquierdas o quizá por no
haber sido nunca como ellos, por tener valores y principios, los que
seguramente ellos nunca han tenido ni tendrán, aunque ahora estén
muy cercanos a la derecha oscura que actualmente representa el PP.

He
vivido en las últimas semanas en mi trabajo un problema de claro
acoso laboral por mis ideas políticas, con un traslado forzoso a
otro departamento a desarrollar funciones que nunca he realizado.
Ayer mi querida prima Pino González, me comentó que alguien había metido
comentarios de forma anónima en un blog de esta zona de Gran
Canaria, que se metían conmigo, que incluso llegaban a decir que me
preocupara de mi familia en vez de estar escribiendo cosas en mi
blog, en los numerosos medios digitales donde escribo desde hace
muchos años para contribuir a la construcción de un mundo mejor.

Tomándonos
unos vinos y una papitas con cebollas bajo la higuera centenaria de la
humilde casa de mis ancestros, hablé con mi prima y su marido y gran
amigo Andrés de todo esto. Nos reímos bastante recordando a
personajes del tardofranquismo de este pueblo, a tristes meapilas que
ejercen en la actualidad de lugartenientes de la derecha más casposa
y suburbial. Al final ya más serios llegamos a la conclusión de que
esos anónimos representaban la misma violencia de nuestra infancia,
el mismo perfil sociológico de personajes que viven para humillar,
ocultándose desde su inmensa cobardía tras la mascara del siniestro
y cobarde anonimato.

Nosotros
damos la cara y por eso firmamos con nuestro nombre todo lo que
escribimos, hasta ponemos alguna foto con nuestro sincero careto.
Esto pensamos casi llegando a la medianoche primaveral. No tenemos
miedo a pesar de las represalias y persecuciones y por eso no
perdemos nunca la sonrisa, trasmitiendo este legado a nuestras hijas
para que cuando ya no estemos en la Madre Tierra nos recuerden, no
como atorrantes y temerosos padres, sino como valientes que
entregaron su vida en la lucha por la libertad y el amor
revolucionario.
Síguenos y comparte:
error10
Tweet 20
fb-share-icon20