25 septiembre 2020

Voces desde el abismo

Desde
la montaña sobre la playa de La Laja Mario Acosta vio llegar los camiones de plátanos
cargados de hombres, no se escuchaba nada, le llamó la atención el silencio
sepulcral de quienes iban a ser arrojados al mar, solo el ruido y el olor del
combustible de los vehículos de la muerte.

Comenzaba
a amanecer y el joven se quedó agazapado entre los cardones sin mover un músculo,
si lo detectaban podría ser terrible, significaría su detención inmediata,
torturas brutales y su asesinato.

Observó
como llegaban varios coches de lujo con falanges dentro, caras muy conocidas,
gente de la oligarquía agrícola isleña, terratenientes, curas, hasta dos hijos
de la Marquesa y el Conde que vestidos de azul y pistola al cinto dirigían aquella
especie de
 “Operación masacre”.

Luego
los camiones cargados y un grupo considerable de hombres en un estado
lamentable, posiblemente los traían de los centros de detención y tortura de
Arenales, Cardones y Alcaravaneras, de los campos de concentración de Las
Torres, Gando o La Isleta, también muchos directamente de sus casas con paradas
en el camino para golpearlos salvajemente, varias mujeres, pero en su mayoría
hombres, entre los tres camiones podría haber como 54 personas.

Desde
que se detuvieron los bajaron de los vehículos a golpes, a culatazos, a
patadas, varios se quedaron al fondo aferrados al suelo, agarrados a los
laterales o a las cuerdas con las que amarraban los productos agrícolas.

Cuando
se resistían era mucho peor, subían los falangistas comenzaban a patearlos en
la cabeza, en la cara, en el vientre, en sus genitales, hasta que los muchachos
que en su mayoría no superaban los treinta años salían arrastrándose como
serpientes.

Una
vez todos alineados junto al acantilado de La Marfea, procedían a amarrarles
los pies y las muñecas con el hilo de pitera, los falanges los introducían a la
fuerza en los sacos de plátanos, los hombres se resistían, pero los fascistas
los golpeaban, les daban culatazos con los máuser, latigazos con las varas de
acebuche o las pingas de buey.

Un
montículo de piedras y lajas de playa servía para introducirlas en los sacos con
los hombres dentro, su objetivo era que se hundieran rápidamente en el fondo
marino, que las fuertes corrientes de esta zona de Gran Canaria los arrastraran
mar adentro y no salieran nunca más a la superficie.

Acosta
parecía estar soñando, conocía a muchos de los jóvenes, algunos compañeros de
reuniones sindicales, taifas y fiestas, identifico a Rosita Travieso la maestra
anarquista del barrio de San Juan, se le erizó la piel cuando comenzaron a
arrojarlos al abismo, los gritos de las mujeres y hombres, la frialdad de los
falangistas, guardias civiles y curas, las risas de los terratenientes que no
paraban de tomar ron de caña directamente de las botellas.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es

Mujer encontrada  La Floresta (Uruguay), las fotos están acompañadas por un informe que dice que presenta
 «fractura de muñecas, como si hubiera estado colgada de ellas; quemaduras en ambas manos; 
derrame sanguíneo interno provocado por la rotura de vértebras»
 y «zona pubiana, anal y perianal destrozada con objetos punzantes.
Fuente:  Comisión Interamericana de Derechos Humanos
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