1 octubre 2020

Y apenas te sentí

En la
habitación del hospital de El Sabinal Pablo y su padre Daniel se miraron a la
cara mientras Margarita su madre agonizaba, tenía esa respiración acelerada de
los últimos momentos, la boca abierta y los ojos cerrados, el sonido de quien
se aferra a la vida y no quiere partir:

-Qué suerte
has tenido con esta mujer viejo, siempre la tuviste contigo incluso en los
peores momentos de la cárcel-

Su padre
agachó la cabeza y tomó la mano de Marga, se aferró a ella en aquellos
instantes finales, los dedos recorrieron su palma siempre tan suave, recordó el
día exacto en que se conocieron en la fiesta de la Plaza de Santa Ana por el No
a la OTAN.

De cuando
se cruzaron sus ojos haciendo la pancarta que iba en el escenario, Daniel con
una camiseta blanca de Lee Jeans, ella con un vaquero corto con una pegatina
del Che en el bolsillo trasero, el bullicio de miles de personas ilusionadas
con la gran movilización por la paz, donde había Comités Populares en
cada rincón de la isla.

El clamor
de un pueblo para evitar las bases militares norteamericanas en Canarias, la
utilización de las islas como plataforma de agresión a los pueblos africanos,
la importancia de la neutralidad del Archipiélago para garantizar un futuro de
paz y progreso para su pueblo.

Enseguida
hicieron buenas migas, Daniel era muy gracioso, siempre estaba de bromas,
llevaba un pendiente con una minúscula figura de Bob Marley, tomaron ron y cola
en el chiringuito de la gente del Lomo Blanco, jareas asadas con alcohol, todo
fue tan rápido, tenían apenas 17 años, muchas ilusiones, la esperanza de cambio
en sus ojos, la que pensaban inminente revolución de la luz y las banderas
estrelladas, el azul, amarillo y blanco de la independencia, de la legítima
autodeterminación de su pueblo, la consecución de una educación pública y
gratuita, una sanidad para todos, la recuperación de la agricultura y hacer
frente a la invasión del turismo depredador, el que destrozaba las islas con
todo tipo de construcciones masivas, mafias organizadas, narcotráfico, trata de
blancas, reparto de drogas por la policía española entre la juventud de cada
uno de los barrios más organizados y luchadores.

Allí en la
cama del hospital la pobre Marga mantenía el mismo gesto a pesar de las
arrugas, de los efectos de la demoledora enfermedad, sin pelo, temblando y
sobre todo respirando convulsamente, pero era la chiquilla de siempre, la que
bailaba al compás de los ritmos de los Van Van en la grada curva, la que lo
abrazaba con el “Ojalá” de Silvio Rodríguez entre cigarros de la risa y puños
en alto.

En la
pequeña televisión del vecino de cama se escuchaba bajito el informativo sobre
la violenta intervención policial en Catalunya, los uniformados arrastraban a
una joven por los pelos por una escalera mientras le partían uno a uno los
dedos de las manos, otro de los fascistas armado hasta los dientes le tocaba las tetas a la chica entre risas y
burlas, Daniel miró a Pablo con el ceño fruncido:

-Si esto
hubiera pasado en mis tiempos les pegamos fuego a estos hijos de puta- dijo indignado
sin soltar la mano de Marga.

Pablo lo
tranquilizó apretándole con cariño el hombro, le masajeó la espalda y siguieron
viendo los actos represivos del régimen español en aquella hermana tierra, la
que habían visitado varias veces en sus vacaciones, casi desde que el muchacho
era un niño pequeño, ambos tenían en mente el buen trato que recibieron, como
los acogieron en cada pueblo, la amabilidad y acogida de aquel pueblo noble y
luchador.

En ese
momento Marga le apretó la mano a Daniel, parecía escucharlo todo, un apretón
fuerte, dejó de respirar tan fuerte, una media sonrisa se dibujó en su cara,
sus ojos no se abrieron en el momento de soltar las riendas, encaminarse hacia
aquella paz que la inundaba.

http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es

Movilización antiOTAN en Las Palmas de Gran Canaria años 80
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