15 de agosto de 2026

Patrullas de nazis

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«Las bandas de choque de los movimientos totalitarios no se concibieron para defender el orden, sino para hacer que la violencia pareciera una forma normal de control ciudadano ante la inacción de las instituciones.»

Hannah Arendt

Ver los informativos estos días me revuelve el estómago. Leer que en Valencia vuelven a salir patrullas callejeras organizadas por la extrema derecha, persiguiendo a gente por su origen, no es solo una noticia preocupante. Para mí, y para miles de familias en este país, es un bofetón en plena cara. Es la prueba de que los fantasmas más oscuros de nuestra historia siguen vivos, paseándose por nuestras calles con total impunidad.

En mi casa sabemos muy bien a dónde conducen el odio y el fanatismo. Venimos de una historia rota. Somos hijos y nietos de personas a las que el franquismo les arrebató la vida solo por pensar diferente. Durante décadas tuvimos que callar y ver cómo los culpables morían en la cama con honores, mientras los nuestros seguían metidos en cunetas.

Por eso, ver hoy a grupos ultras patrullando barrios para señalar a migrantes me hiela la sangre. Ayer el enemigo eran los «rojos»; hoy son los extranjeros. Cambia el objetivo, pero el matonismo es el mismo. Lo que verdaderamente me alarma es la escandalosa pasividad que los ampara. ¿Dónde están los jueces para actuar de oficio ante estas milicias ilegales? ¿Cómo es posible que mandos policiales miren hacia otro lado, o peor aún, simpaticen con estas prácticas que rompen el monopolio público de la seguridad?

Esta permisividad judicial y policial es el reflejo de un problema político más alto. Tenemos un Gobierno que se llena la boca hablando de derechos, pero que en la práctica arrastra los pies y olvida la Ley de Memoria Democrática cuando toca aplicarla con valentía. Las leyes no sirven de nada si se quedan en papel mojado por miedo a tensionar la situación o por puro cálculo electoral. Tolerar el avance del fascismo en las calles es la mayor traición a esa ley y a las víctimas que el Estado prometió proteger.

A los que nos quitaron a nuestros familiares no nos mueve la venganza, nos mueve la memoria. Recordar es poner un escudo para que nadie más tenga que pasar por el horror. Si la justicia, las fuerzas de seguridad y el propio Ejecutivo siguen de brazos cruzados ante estas escuadras, la derrota no será solo de las minorías señaladas. Será una derrota de lo que llaman algunos “democracia plena”.

No podemos permitirnos el lujo de la ingenuidad ni de tratar esto como meras anécdotas de barrio. Quienes conocemos la historia sabemos perfectamente que estas patrullas vecinales son la antesala de algo mucho peor. Así empezaron las brigadas del amanecer del franquismo: controlando las calles, infundiendo miedo y señalando con el dedo. De ahí a los «paseíllos» y a las cunetas solo hubo un paso. Si la justicia, las fuerzas de seguridad y el propio Ejecutivo siguen de brazos cruzados, la historia volverá a repetirse ante nuestros ojos.

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