26 enero 2021

Fantasmas, curas y monjas en la Casa del Niño

Orfanato para niños cuyos padres habían sido asesinados por la dictadura franquista (1942).

«Estos niños, acostumbrados a recibir palos, confundían los abusos sexuales de los curas con señales de cariño».

Del libro «Los internados del miedo» (Ed. Now Books)

«(…) Todos los que estábamos en la Casa del Niño le teníamos pánico a don José Martel, el párroco de de la Ermita de San José, nos daba clases de catequesis, de formación del espíritu nacional y siempre estaba por allí con las monjas y mirando lo que hacíamos, una vez me despegó la oreja porqué me levantó en peso por ella, se subía la sotana y pegaba puñetazos y patadas a los niños como si fueran mayores, de noche nos metíamos en los camastros y no nos levantábamos ni a mear porque se oían siempre ruidos, llantos, quejas, gritos, gemidos, daba mucho miedo estar allí porque parecía que no había aire, incluso en invierno y con frío siempre se mantenía la misma temperatura, había un compañero que le habían matado al padre en Tenerife tirándolo al mar desde el barco prisión de los ingleses, se llamaba Enriquito Oramas Rial, de noche empezaba a gritar como un loco de dolor, venían las monjas y tenía señales de mordidas en los muslos y las piernas, los dientes allí clavados y no se veía a nadie. Sor Amparo decía que estaba poseído por el diablo, pero el pobre Quique seguía gritando, desalado por aquello que le atacaba. Nosotros pensábamos que era alguno de los curas que venían a meterse en la cama con los niños como muchas noches. Yo creo que nos metían miedo pa que no saliéramos de noche al baño, pero allí pasaban siempre cosas muy raras, a tu tío Paco una noche le pegaron un golpe en la cabeza y amaneció con un chichón enorme en la frente. Don José nos reunía en la clase por la mañana y nos llamaba demonios, hablaba de que el diablo iba a venir a llevarnos al infierno, que cuando oliera mucho a azufre se aparecería y nos llevaría clavados en un tenedor gigante. Nos pasábamos el día y la noche asustados, llorando, temblando de miedo tanto por las monjas que pegaban y los curas abusadores, como por todo aquello que pasaba allí, como aquella mujer vestida de blanco que se aparecía por la noche en la torre y la ermita, muchos la vimos y salíamos corriendo. Nunca supimos si todo aquello lo hacían las monjas o que el orfanato estaba lleno de fantasmas, los llantos y las tristezas de saber que habían matado a nuestros padres aquellos fascistas era la verdadera historia de terror, aquella soledad, sentirnos tan desamparados siendo tan pequeños, solos en aquel infierno…»

Fragmento del testimonio de mi padre, Diego González García, sobre sus años en la Casa del Niño, San José, Las Palmas GC, tras el fusilamiento de mi abuelo Francisco González Santana.

Entrevista realizada por Francisco González Tejera, el 18 de mayo de 2014, en Tamaraceite, Las Palmas GC.

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