20 septiembre 2020

Paul Preston y el fascinante olor de la mierda

Un Paul Preston, enchaquetado y encorbatado a pesar de
los 30 grados de calor, pletórico junto a un presidente de Canarias con las
manos manchadas de cientos de escándalos llegaron entre cámaras y un sospechoso
glamur a la sala Adán Martín, posiblemente habían comido juntos en alguno de los
restaurantes de lujo de Santa Cruz de Tenerife. El inglés presume de ser admirador
de la buena mesa, de los cinco tenedores y afirma sin rubor que su obesidad
casi mórbida es fruto desde 1969 de lo que considera “la buena cocina española”.

A esta conferencia de Preston fuimos invitados por correo
electrónico las asociaciones de memoria histórica de las islas, yo no pensaba
asistir por mis problemas de salud, por conocer los ladridos neoliberales del
susodicho historiador, pero un buen amigo se empeñó y al final compramos un par
de billetes y nos desplazamos a la isla de Tenerife por un día.


El evento estaba blindado, ningún medio de comunicación
publicó ni una línea previa al acto, no hubo difusión, solo una escueta nota en
la web del Gobierno de Canarias, como si hubiera miedo a que asistiera gente
discrepante, disidente con el Régimen, que pudiera decir algo “inadecuado” si
se hubiera producido un debate posterior, pero nada de nada, todo lo contrario,
en cada silla había un pequeño cuestionario donde se podían escribir las
preguntas para evitar cualquier coloquio con el público asistente, de esas
preguntas él moderador, que era otro empaquetado británico, seleccionó supuestamente
las menos problemáticas y eso fue todo, todo controlado, hasta el último
detalle.

Un salón abarrotado de cargos públicos del gobierno
canario, asesores, secretarias, el pomposo Capitán General de Canarias, algún
cura, viejos rockeros del PSOE, varios antiguos falangistas de PP-Cs-CC, tipos
y tipas con las mejores galas, supuestamente empresarios “amigos” del “¿Cómo va
lo mío?”.

Pocos estudiantes y algunos historiadores de los que
callan la boca por miedo a perder cualquier “trabajillo”, para no enturbiar sus
burdas relaciones con la oligarquía, con los podridos poderes fácticos de la
isla hermana.

A uno de ellos que conocía le comenté al final mi indignación
sobre la conferencia y miraba hacia los lados por si alguien me escuchaba, juro
que hablé bajito, pero el elemento tenía miedo a que lo vieran charlando con un
loco radical, tal vez un comunista, encima nieto y sobrino de asesinados por el
fascismo en Canarias.

Es muy complicado sintetizar en estas líneas todo lo que
dijo Preston, su opinión respetable por supuesto, pero que patina sobremanera, cuando
se dice ante familiares de personas asesinadas por el franquismo, miles de
canarios que sin que hubiera confrontación armada fueron arrojados a pozos,
simas, agujeros volcánicos, fosas comunes, cunetas, al mar…, que el prestigioso
historiador ni siquiera mencionó, tampoco el presidente Clavijo y su ridícula presentación
hablando de lo bien que iba Canarias a todos los niveles dijo nada, parecía como
si en estas islas no se hubiera producido un brutal genocidio orquestado por la
oligarquía, Falange, Acción Ciudadana, la Iglesia Católica y el criminal ejército
sedicioso que protagonizó el golpe de estado fascista de julio de 1936.

Preston apoltronado en el cómodo sillón, parecía
semidormido, tal vez la excesiva gordura, cuasi aburrido, como que tenía la
barriga bien llena del papeo con Clavijo, hasta podría haber parecido normal
alguna histórica ventosidad, pero al momento comenzó a eructar sus opiniones,
insisto respetables para que no se molesten los puristas y amigos del Régimen,
pero que no por ello se debe evitar la crítica contra un tipo que se ha hecho
millonario escribiendo sobre la Guerra Civil Española.

Según Preston en su conferencia “el franquismo no es fascismo”,
“fue solo un sistema autoritario”, en ese instante me acordé de mis familiares
asesinados, de los cientos de miles en todo el estado, el segundo país después de
Camboya en número de desaparecidos en cunetas y fosas comunes.
Pero nada según el orondo historiador “eso solo era un régimen autoritario”,
algo suavecito, casi una democracia podríamos decir.

También afirmó que “el Valle de los Caídos no se debía
tocar, porque era una de las maravillas del mundo”, “que no había que demoler
los monumentos del franquismo, más bien “resignificarlos”, ni quitar las calles
con los nombres de los asesinos fascistas, no comentó nada de que hay una Ley
de Memoria Histórica que ha costado tanto que se empiece a cumplir.

Luego se metió de cabeza en una defensa a ultranza del
Borbón viejo, si el de las cientos de amantes, la venta de armas y asesino de
Elefantes, con todo tipo de alabanzas, que era su preferido o algo así, que le
encantaba todo lo que había hecho en su vida, que era un paladín de la libertad
y tal y tal y tal, en ese momento el que casi vomita fui yo, pero me contuve
porque protocolo nos sentó en primera fila y podía manchar a los ponentes.


Según Preston el franquismo no fue siempre igual, tuvo etapas
de “dictablanda”, que cuando vino en el 69 vivió un Madrid maravilloso, con
mucha fiesta y buena comida, omitió hablar, no porque no lo supiera, de que la
dictadura fascista de Franco estuvo matando desde el principio hasta el final.

Posiblemente mientras Preston se hinchaba a cocido
madrileño en los 60 justo en ese preciso instante torturaban a algún comunista,
anarquista, socialista, en cualquiera de los centros de tortura del Régimen, en
el momento de los postres y la borrachera de vino y licor eran fusilados cientos
de luchadores por la libertad.

Pero a Preston pareció darle igual, la visión de su España
Franquista no es tan negativa, “la transición fue modélica”, dijo, aunque perdonara
a tanto asesino y torturador fascista, aunque esta pseudodemocracia haya derivado
en una cleptocracia donde la corrupción inunda cada estamento, desde el más
pequeño Ayuntamiento a la mismísima Casa Real.


En definitiva, Paul Preston volvió a Canarias después de
quince años, según dijo la encontró genial con su acento de Liverpool, con un
importante crecimiento económico, no dijo nada de que estas islas baten récords
en exclusión social, desahucios, corrupción política, desempleo, destrucción del medio natural, especulación urbanística, fracaso escolar, suicidios por
motivos económicos, hambre infantil, familias enteras sin ningún tipo de
ingresos, etc., etc.

Ahí terminó todo, entre risas, el Presidente Clavijo se levantó
eufórico para darle un estrecho abrazo, todo había salido super, ningún disidente
les jodió su elitista acto, nosotros nos fuimos, no aplaudimos, se nos notaba
en la cara el enfado ante tantas mentiras, ante tanta humillación a las cientos
de miles de víctimas del franquismo en Canarias y en todo el estado español, aún
en el barco entre la olas atlánticas seguíamos sin entender como alguien con ese
nivel intelectual puede caer tan bajo.
 http://viajandoentrelatormenta.blogspot.com.es

Paul Preston y Fernando Clavijo, presidente del gobierno canario
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