16 de octubre de 2026

Ana y Pino Artiles, su dignidad

«No podemos permitir que el miedo gane el relato. Reconstruir sus historias es devolverles la dignidad que la dictadura les quiso arrancar rapándoles la cabeza o encerrándolas en cárceles insalubres».

Susana Koska, cineasta y escritora vasca

Hay fotografías que no solo custodian rostros, sino que sostienen la dignidad entera de una época. A través de la mirada serena y profunda de Ana y Pino Artíles Viera, ambas ya fallecidas, se asoma la historia de tantas mujeres conscientes a las que les tocó habitar el tiempo de la sombra, el miedo y el horror. Ellas, que se vieron obligadas a construir un nuevo hogar en el municipio de Ingenio dejando atrás con mucho dolor su Telde natal, cargaron durante décadas con el peso de la persecución, la estigmatización y los muros del presidio político, todo por el simple delito de guardar la esperanza escrita en un dichoso papel del Partido Comunista, hallado en las entrañas de su casa durante un registro.

Su caminar y sus silencios estuvieron siempre marcados por la dolorosa ausencia de su hermano, José Artíles Viera. Su vida y sus sueños fueron truncados por la barbarie fascista en enero de 1937 en el campo de tiro de La Isleta, fusilado al lado de tres de sus compañeros de lucha: el funcionario de Correos Juan del Peso Díaz-Corralejo, Juan Santana Ascanio y Juan Santana Hernández.

Hoy, tras casi noventa años de una impuesta y densa niebla, la verdad empieza a abrirse paso. Es de justicia expresar el más profundo y sincero agradecimiento al gran amigo e incansable investigador, Juan Vega Romero, también vecino de ese municipio del sureste de Gran Canaria. Su generosa labor, su rigurosa entrega a los archivos y su empeño por rescatar lo que el tiempo pretendía borrar han devuelto este retrato familiar que es, a la vez, ternura, memoria y reparación. Gracias, Juan, por sostener la linterna en los pasajes más oscuros de la historia y por ser un puente indispensable en este camino.

Su familia —al igual que tantas otras que comparten el mismo latido y la misma herida abierta— se ha incorporado activamente a la Agrupación FFCC Vegueta. Se suman con el corazón encendido y paso firme a las tareas de localización, a la realización y aportación de las pruebas de ADN. Cruza la ciencia con el amor filial para reclamar la identidad robada y deshacer, nombre a nombre, la sutil telaraña del olvido.

No habrá descanso hasta que los restos de José, de Juan y de tantos hombres fusilados dejen el frío anonimato de la fosa común en el cementerio municipal de Vegueta, en Las Palmas de Gran Canaria, y regresen a la superficie, cobijados por la luz y la paz que siempre merecieron para que tengan una sepultura digna. Porque la memoria no se entierra; permanece latente bajo la tierra hasta que la constancia y el cariño de quienes no olvidan la hacen florecer.

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