(A Abi, que sabe escuchar el silencio de la tierra)
Tú, que pasaste los días como arqueóloga desenterrando los secretos del suelo y devolviendo la dignidad a lo que el tiempo quiso sepultar, aunque por circunstancias trabajes ahora en otra disciplina, supiste ver el hilo invisible que une la piedra y la palabra. Desde esa Galicia verde y doliente, donde los caminos aún guardan el eco de los que no volvieron, miraste mis páginas —estos seis dolores impresos, casi siete— y comprendiste de inmediato que la historia no se escribe para habitar el olvido de las estanterías.
«Ojalá ser profesora y leerle tus libros a mi alumnado», me dijiste, con esa urgencia de quien ve al monstruo del fascismo asomar de nuevo sus garras entre la juventud, camuflado en el ruido de los nuevos tiempos. Querías usar mis textos como herramientas pedagógicas, como manuales de resistencia para que las pibas y los pibes de hoy conozcan el precio de la libertad y la crudeza de la dictadura. Y hablando, al calor de la complicidad y el compromiso, la palabra se hizo acción: tu mejor amiga, profe en un instituto, será el puente y el aula.
Es por eso que la Crónica del Genocidio Fascista en las Islas Canarias, su trilogía; y los volúmenes que la siguen no se quedarán quietos. Volarán primero a tu casa, luego a las clases para que rulen de mano en mano, desgastándose en los pupitres, despertando conciencias dormidas. Llegarán antes que el invierno, preparando el terreno para esos Relatos prohibidos que diciembre traerá como trinchera y respuesta al panorama que nos acecha.
Inmenso agradecimiento, Abi. Tú, que buscas la verdad bajo los estratos del olvido, quieres rescatar las historias de dolor recogidas en cada letra para darles una nueva vida. Gracias por recordarme, desde tu cercanía en el compromiso, el verdadero oficio de escribir. Los libros de memoria son para esto: para que el viento de las aulas barra el silencio. Hoy, gracias a ti, mis páginas se desprenderán de la piel temblorosa de cada palabra para convertirse en la memoria fértil que sembrará las pizarras del mañana.
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