14 agosto 2020

Ernest Descals, dictadura argentina

A las que dejaban vivas las echaban en el estanque de don Borja entre las risas de los amos, las muchachas que se ahogaban se iban al fondo, a los pocos días salían flotando como si fueran sopladeras.

Rosita Marrero Cabrera

«(…) A las mujeres detenidas no nos dejaban hablar entre nosotras, lo primero era colocarnos aquella capucha negra pa que no viéramos donde estábamos, entonces llegaban los coches del Condado y nos trasladaban desde la comisaría del Gabinete Literario hasta las casas de los aparceros en Carrizal por aquella carretera de tierra interminable. A mi me violaron varios falangistas nada más llegar, en el coche me rompieron la ropa, venía todavía en camisón de dormir de cuando nos sacaron de casa en San José la noche anterior, me dejaron desnuda y al llegar nos esperaban los falanges, hombres de todas la edades muy borrachos y violentos que me daban mucho asco, todavía tengo grabadas sus caras, algunos me he tropezado por ahí después de la llegada de la democracia, agachan la cabeza como si fueran caballeros honrados, yo les miro a los ojos sin retirarles la vista, parece que tienen miedo o que tuvieran vergüenza, pero no lo creo, estoy segura que si esto cambiara volverían a hacer lo mismo. Nos hicieron mucho daño a las chiquillas que estuvimos en el Ateneo de San Juan, nos acusaban de cosas tan locas como de leer poesía o a rojos como Tolstoy. Nos dieron mucha leña, a mi me quitaron toda ilusión por vivir, no he sido feliz con ningún hombre, siento mucho asco por todo lo que tiene que ver con el sexo, seguramente me destrozaron la vida esos cabrones, la esperanza y el amor por los demás…»

Testimonio de Alicia Batista Gallego, obrera tabaquera, nacida en el barrio de La Isleta (Las Palmas GC), entrevista realizada en Santiago del Teide (Tenerife) el 9 de marzo de 2004

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