25 noviembre 2020

Antro de huesos, balas y memoria

Imagen: Las albarcas de una persona ejecutada en el cementerio de Pomer (Zaragoza). / Miguel Ángel Capapé

«La mayoría de los asesinados en el campo de concentración y exterminio de La Isleta no los sacaron de aquella zona, están en fosas comunes en el cuartel de artillería, en las antiguas cuevas aborígenes de la montaña sobre el campo de tiro, hay cientos de cuerpos allí ocultos por los militares y los políticos de esta democracia española, por el Cabildo y Ayuntamiento, por el Gobierno de Canarias, todos saben que allí están los restos, los huesos acribillados, pero nadie hace nada, no interesa, lo tapan como quien tapa la mierda…» Ramón Anaya González

«(…) Cuando subimos sin que nos vieran los militares a la cueva por encima del campo de tiro de La Isleta, encontramos muchos cadáveres amontonados unos sobre otros, yo creo que allí podían haber más de cien cuerpos, todos tenían tiros en la cabeza, unos en la frente, otros en la sien, otros en la nuca, tuvimos tiempo de meternos porque abajo en el cuartel estaban celebrando el día de la Virgen del Pilar, había mucho militar borracho, sobre todo los mandos que en su mayoría estaban alcoholizados. Esa caverna es profunda, puede tener unos treinta metros y es como un pequeño agujero volcánico que comunica con el mar, pero al estrecharse mucho los asesinados se iban quedando formando un embudo hasta quedarse en la misma entrada, a los militares y falangistas les daba lo mismo dejarlos allí, ya que sabían que una zona militar está vetada solo a ellos, que no puede entrar nadie más. Por eso aprovechamos aquel instante para con la excusa de ir a la playa de arena que está pasando El Confital y la zona vallada con alambradas. Caminamos hasta allí, porque era el lugar donde veíamos a los falangistas subir con pequeños carros a muchos de los republicanos que asesinaban en el campo de concentración. Entre los cuerpos pudimos ver ropas, algunas de mujeres, alpargatas, Rosarios, muñequeras, pantalones con esqueletos dentro, gente que todavía tenía el pelo en sus cabezas tiroteadas, fuera de la cueva muchos casquillos de bala, posiblemente usados sobre alguno de aquellos pobres diablos que llegaban agonizando hasta la gruta. Allí les daban el tiro de gracia y directamente los lanzaban dentro. Esos huesos tienen que seguir allí, eso lo saben las autoridades canarias, los del Cabildo y el Ayuntamiento de Las Palmas, pero nadie hace nada, porque no quieren que el pueblo canario conozca que aquello era un campo de exterminio, como siempre ejercen el negacionismo, incluso en esto que dicen que es una democracia y lo que es, es una mierda. El fascismo sigue presente en cada estamento, por eso ni el campo de tiro tiene una placa de homenaje a los más de seiscientos fusilados en menos de un año, ni estas cuevas han sido investigadas para intentar recuperar estos restos y que sus familias los puedan enterrar dignamente…»

Testimonio de Antonio Salvador Gutiérrez Santana, militante anarquista de la CNT, vecino del barrio de El Lugo, Las Palmas GC, militar de reemplazo destinado en el Regimiento de Artilleria Antiaérea 94, entre el año 1939-1941.

Entrevista realizada por Francisco González Tejera, el 3 de noviembre de 2001, en el barrio de Las Meleginas, municipio de Santa Brígida.

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