25 noviembre 2020

Arrugas en el alma

Foto de Eduardo Robayna, reportaje en Diario Publico "Hombres asesinados, mujeres valientes", 01/05/2018.

«Enarbolando dignidad
sobre pueblos vencidos,
abriéndose caminos entre sueño y horror,
van pariendo mucha más vida
de la que se truncó.
Por siempre joven nos mira la foto de ayer y hoy…»

León Gieco (Las madres del amor)

«(…) Las manos de mi madre, parecen pájaros en el aire, historias de cocina, entre sus alas heridas, de hambre…» dice la canción de Argentino Luna. Se me erizó la piel al verla por primera vez, justo el día que la tomó el periodista de La Marea, Eduardo Robayna, para un reportaje en Diario Público allá por 2018, el joven fotógrafo y redactor supo captar en esta foto las manos de mi madre, Lola Tejera, sosteniendo la foto de mi padre, Diego González, junto a sus hermanos Lorenzo con boina y Paco a su izquierda, los tres en ese momento huérfanos de padre en Tamaraceite. Las arrugas de los dedos no son casualidad, tantos años de sufrimiento desde que los fascistas se llevaron a su padre, mi abuelo Juan Tejera. La foto es en la Clínica Cajal, donde mi padre pasó cinco meses cuando su demencia lo clavó en una cruz de desmemoria, dicen que lo más antiguo es lo último que olvidamos, tal vez por eso solo recordaba la represión del fascismo en su familia, el asesinato de su hermanito Braulio de cuatro meses de edad en su cuna, las visitas al campo de concentración de La Isleta a ver a su padre, mi abuelo Pancho González, fusilado el 29 de marzo del 37 a las cuatro de la tarde. Esta foto tiene algo especial, refleja el horror que pasaron cientos de miles de familias en todo el estado español, el hambre, la miseria, la tortura, la muerte, el robo generalizado por parte de la mafia franquista, la sangre inocente de lo mejor de nuestro pueblo. Me gusta llamarles «los nuestros», aquellos que fueron asesinados defendiendo la libertad, los derechos de la clase trabajadora canaria, española, del mundo entero, porque esa lucha es una sola, cada acción liberadora de los pueblos interactúa en el proceso liberador de cada pueblo en cada rincón del planeta. Por eso en estos tiempos de incertidumbre, donde nos esperan los mayores recortes sociales de la historia, se hace necesario recordar, no olvidar, tampoco perdonar a esos criminales, porque son los mismos que dirigen un estado que sigue siendo genocida, que no utiliza, al menos por ahora, el fusilamiento, el tiro en la nuca, la fosa común y la cuneta, la sutileza es mayor y se llama «reformas», «reestructuración económica», «ajustarse el cinturón», donde siempre pagamos l@s mism@s, las trabajadoras y trabajadores. Es así de triste, por eso hoy me acordé de las manos de mi madre, las mismas que me trajeron al mundo y me dieron vida, las manos de la esperanza de los pueblos.

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