24 septiembre 2021

Barro sagrado

Exhumación de una fosa común en territorio español

«Las horas de tu cuerpo hacen la eternidad».

Juan Gelman

La mirada de Alberto Inocencio Hernández, se clavó en el cielo de Taganana, tras el tiro que le rozó la sien como el fuego, cayó sobre sus compañeros fulminado, seguía vivo, podía haber intentado levantarse y ser acribillado, pero prefirió mirar como el sol dibujaba un color rojo en el cielo.

Inmóvil escuchaba la charla monótona y superficial de los falangistas, como si fueran haciendo aquello toda la vida, los rezos repetitivos de aquel cura viejo con gorro de tres picos, percibía el brillo de los tricornios en una tarde lánguida:-

-El mejor día para morir, cuando el otoño se mezcla con este verano del 38- pensó.

Luego la tierra, el barro húmedo en su cara, la precisa oscuridad que no hacía más que confundir el sutil silencio de la muerte:

-Sabe a flores y estiércol perfumado- fue lo que le vino a los sentidos.

Todavía enterrado seguía respirando, no se sabe cómo, sintiendo los últimos latidos de su corazón rebelde.