30 septiembre 2022

Bien de Interés Cultural, no incluye a tod@s.

Foto: La ProvinciaDLP

“Trata de mantener siempre un trozo de cielo azul encima de la cabeza.»

Marcel Proust

No puedo evitar la tristeza al comprobar el olvido institucional sobre los sesenta hombres que continúan en la fosa común del cementerio de Las Palmas, todos fusilados en el campo de tiro de La Isleta desde 1936. Sus cuerpos fueron trasladados en “el camión de la carne” tras cada ejecución dejando un reguero de sangre que atravesaba la ciudad de Las Palmas GC.

Hoy en pleno 2022 si lo visitas verás apellidos en los lujosos panteones asociados a los ejecutores del genocidio canario, tumbas con el yugo y las flechas, alguna cruz gamada.

En su declaración de Bien de Interés Cultural de hace más de una década no verás sus nombres, ignorados para el Cabildo y el Ayuntamiento de Las Palmas GC, resaltando en dicho documento los valores artísticos y los “ciudadanos ilustres” allí enterrados. Gente rica y fascistas.

Los acribillados a balazos por defender la democracia allí siguen bajo toneladas de tierra, bloqueada su exhumación por dichas entidades públicas, ni una miserable placa, ni un espacio de memoria, ni una mención en el documento que lo declara patrimonio histórico.

Pareciera que los dirigentes políticos actuales ocultaran los nombres de los asesinos y verdugos falangistas. Los restos destrozados por la tortura y los disparos de los defensores de la libertad y la esperanza en un mundo mejor es como si no existieran.

La izquierda guarda también silencio ante esta atrocidad histórica, aunque en ese vertedero de huesos sigan enterrados sus militantes, las familias seguimos sin tener derecho ni siquiera a una tumba.