26 mayo 2022

Catalanes de grandeza

«Eran buenos muchachos Josep, Vicenc, Jordi, Adriá, Agustí, Albert y el resto, todos integrados en la isla, algunos con novia o jugadores de equipos de fútbol de aquí, Abelard había jugado en los filiales del Barça, era un extremo del carajo que corría como un venado. A todos se los llevaron aquella mañana en el camión de la carne, los metieron a la fuerza, entre golpes a un destino desconocido».

Antonio (Toño) Alonso Martel, prisionero en el campo de concentración de La Isleta en el año 36

El Local Guide Gran Canaria nos dice en su Web: “Pasito Blanco se encuentra en el sur de la isla, dentro del municipio de San Bartolomé de Tirajana. Se trata de una zona residencial privada que a su vez cuenta con un pequeño puerto, un beach club llamado La Punta Yacht Club y una playa. El acceso en coche solo está permitido para quienes tengan un barco y su correspondiente amarre, una residencia o bien se estén hospedando en alguna de sus privativas viviendas vacacionales. Por tanto, podemos decir que es un espacio del que solo unos pocos privilegiados pueden disfrutar. Sin embargo, si quieres ir a la playa de Pasito Blanco, puedes hacerlo (no hay playas privadas en Gran Canaria), solo que tendrás que hacerlo andando”.

Muy poc@s saben que en julio de 1939 fueron asesinados en ese lugar un grupo de jóvenes catalanes, funcionarios de telégrafos; y miembros de la CNT y la Federación Obrera de los municipios de Telde y Las Palmas GC.

Eran trabajadores esclavos del Conde, desde que los sacaron encadenados del campo de concentración de La Isleta, aquel 14 de octubre de 1936. Ninguno pasaba de treinta años, entre ellos se susurraban en catalán, porque se lo tenían prohibido, sopena de apaleamiento brutal por los cabos de vara que los vigilaban en los trabajos más duros de los tomateros cercanos a Montaña Arena, allí los tuvieron montando paredes de piedra seca, cargando cientos de kilos para los bancales, bajo un calor abrazador, semi desnudos, desnutridos, durmiendo al raso, comiendo pan y agua todos esos años.

El motivo de su ejecución fue un intento de fuga organizado por el anarquista gerundés, Francesc Gabarda Llorens, entonces López, el violento, borracho, mujeriego y degenerado fiel mayordomo de “su amo” o “su excelencia”, como era conocido, ordenó que cavaran su propia fosa común junto al mar, mirando al horizonte, añorando su Mediterráneo, antes de arrodillarlos y asesinarlos de un tiro en la nuca uno tras otro.

Estaban tan flacos que parecían esqueletos, sombras libertarias que un día sembraron sueños y utopías entre huelgas y asambleas. Pero allí siguen sus restos junto a la famosa discoteca y un complejo residencial con todo incluido, donde l@s turistas se emborrachan, bailan y se hacen él amor bajo hamacas y palmeras.

La arena y la alta temperatura los mantiene albergados, conservados en su desesperada historia, en un reducido trocito de especulación urbanística con sabor a pelotazo, lejos de su amada tierra, donde hasta ahora solo se ha removido el barro seco con las excavadoras de la constructora testaferra de esos millonarios “Grandes de España”. Entre escombros, basura, vertidos, hormigón y hierro siguen agazapados unos sobre otros, hermanados en su silencio, esperando ese día impasible, irreal, seguramente lluvioso de su rescate.