2 marzo 2024

«Atravesaban la carne y notabas salir la sangre como un manantial de agua insondable».

Luis Herrera Santana – Preso político campo de concentración de Gando

Era obligatorio sacar los colchones al sol del solsticio de junio para que los chinches al golpearlos se trasladaran a otro lugar, un ritual ridículo que nos ordenaban los falanges del campo de concentración de Gando. Allí seguirían los bichos chupándonos la sangre, adquirí la habilidad hasta de identificarlos y en mi debacle mental diferenciarlos por su personalidad; los había feroces, implacables, otros juguetones como conocedores de nuestro drama y cuando se llevaban a un compañero para asesinarlo buscaban de forma natural otro cuerpo, nos elegían como quien elige a una mujer en un prostibulo, incluso si no le gustaba tu sangre cambiaban de preso. Luego había otros que solo se alimentaban sin parar hasta adquirir dimensiones que daban miedo, no diferenciaban entre reos y guardias también les gustaban los glóbulos de aquellos nazis canarios que escandalizados se iban corriendo a enfermería para que los trataran de las enfermedades que ellos creían que trasmitían, a nosotros en cambio nos daba todo igual, incluso algunos como yo deseábamos la muerte pero no nos atrevíamos a cortarnos las venas por miedo a lo que pudiera venir después.

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