29 noviembre 2022

Churros con café

Lola y Diego en la alborada del amor (Archivo familiar)

“La nada existe antes que el amor, pero el amor la crea.”

Juan Gelman

A veces me gustaría tener la habilidad de modificar el tiempo y poder retrasar el reloj, disfrutar de instantes que nos regalaron la magia. Por eso evocó a mis padres y el regalo de que durante unos años de su vida tan dura pudieran disfrutar de una nieta que les llenó su universo vital.

De repente aquella casa con árboles centenarios, testigos de la evolución generacional se llenó de colores, aquel espacio que unos días remotos fue habitado por indígenas que hacían fuego y bailaban con la música ancestral, el mismo lugar que a mediados de los años 30 fue invadido por seres del averno histórico, generando vestidos de azul tanto dolor en sus humildes habitantes: deteniendo, asesinando, violando, reprimiendo, persiguiendo a unas personas que no habían cometido más delito que intentar ser felices.

La casa tantos años después se llenó de flores y risas infantiles, de aroma a churros de domingo y café caliente, todo fue juego y los susurros del miedo se convirtieron en vida y juegos interminables. Por un instante del viaje de la memoria familiar llegó la fiesta y la humilde esperanza de antes del golpe de estado, cuando miles de seres a pesar de su pobreza económica avistaron un futuro que podría ser mejor, la cultura y la educación sin curas, sin miedo ni culpabilización, las mujeres votando en elecciones libres, la plasmación y la exigencia de los derechos sociales de quienes no tenían más que sus manos para luchar por un mundo nuevo.

Volvería al instante preciso y especial de esta foto: mi padre con una vieja peluca, la chiquilla alborozada de fantasía, mi madre tratando de ordenar el caos imparable de la felicidad.

Seguiré viajando entre los sueños.