24 septiembre 2021

Códigos invisibles

Guerra Civil Española, Kati Horna (1937)

“(…) Todo eran grandes voces, sal de mercaderías, aglomeraciones de pan palpitante, […] Y una mañana todo estaba ardiendo, […] y desde entonces fuego, pólvora desde entonces, y desde entonces sangre…”

Pablo Neruda (España en el corazón)

La sangre en la pared de la cabeza destrozada del niño jamás se limpió, nadie en mi familia se atrevía a tocar aquel legado de un asesinato terrible.

Era como un cuadrito surrealista, mi padre, testigo directo del crimen, decía que si te quedabas mirándolo fijamente un buen rato llegabas a sentir el olor del chiquillo, escuchar sus risas, el parloteo imposible de un bebé de cuatro meses.

Aquella noche nos marcó para siempre, fue la antesala del fusilamiento de Pancho, el reconocimiento del dolor.

¿Cómo volver a sufrir tanto?

¿Podríamos soportarlo?

El golpe seco, los gritos, la bala que atravesó la cabeza del perro, los empujones y abusos de aquellas bestias.

Afuera parecía que se habían quedado para siempre vigilando los falangistas, incluso cuando se fueron sentíamos su presencia, los susurros de una conversación envuelta en códigos invisibles entre mi madre y mi abuela.

La sinrazón de una noche terrible, sicarios sembrando dudas sobre si todo aquello había sucedido, nuestra verdad implacable, donde nos aferramos para que la pesadilla nos salve.