24 septiembre 2021

Con las manos manchadas de sangre

Chicos y chicas en el Parque de la Memoria - Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado

«Habría que estudiar al mismo nivel la vida de Queipo de Llano, que decía por alocuciones radiofónicas a sus soldados que violaran a mujeres como Clara Campoamor«.

Emilio Silva

En la Españistán de los talibanes de chaqueta y corbata con pulsera y banderita, de los Borbones franquistas, no veremos jamás espacios como este de la memoria en La Plata, Argentina, las cientos de miles de personas asesinadas por el terrorismo franquista y post-franquista, en plena pseudodemocracia, no tienen valor ni importancia para los sucesivos gobiernos de este estado fallido llamado España.

No veremos instalaciones de este nivel en ningún rincón del país de las corridas de toros, la tortura, la corrupción política generalizada, los pelotazos, las familias desahuciadas, los ladrones de coche oficial.

Aquí la gente asesinada por cientos de miles son tabú, sus asesinos y sus herederos biológicos e ideológicos cobran de nuestros impuestos en Parlamento, Senado, Diputaciones, Cabildos, Ayuntamientos, se enriquecen con las manos manchadas de sangre, se las restriegan con jabón del caro cada día, pero no se les va porque la sangre es roja, heroica, digna, muy difícil de quitar.

De arriba abajo, de abajo arriba, todos los estamentos y sus dirigentes hispánicos tienen que ver directa o indirectamente con cada crimen, en cada partido político, desde lo que llaman «izquierda» y me da risa, a la derecha recalcitrante del robo compulsivo de millones de dinero público de la sanidad, los servicios sociales y la educación públicas.

No veremos, no, jamás, espacios como este de La Plata, donde las niñas y los niños, estudiantes universitarios, asociaciones de todo tipo, grupos de turistas, conocen el holocausto de más de 30.000 desaparecidos, simplemente para que jamás vuelva a suceder algo tan terrible.

Mientras en la España de los reyes múltiples y los pelotazos corruptos de urdangarines y eméritos, aliñadas con infantas sin memoria, más que tontas por la consanguinidad, espabiladas como la puta hostia, niñatos reales como Froilán, cobrando pastones para juergas varias cada noche en los mejores antros para pijos, esta España que sigue sustentando sus cimientos sobre toneladas de huesos destrozados por las torturas más aberrantes, por vejaciones indefinibles sobres los hombres y las mujeres republicanas, soberanistas vascas o catalanas, independentistas o raperos condenados a penas de cárcel irracionales.

Aquí no se llevan esos espacios, el dinero público solo sirve para pagar vicios caros de políticos ociosos, expertos en lamer moquetas y culos de los poderosos.

No lo veremos.