1 octubre 2020

Cuando la dignidad se respira

Imagen: Milicianos anarquistas en Barcelona. ANTONI CAMPAÑÀ

«(…) A los muchachos catalanes que trabajaban en Correos los tuvieron como esclavos en las tierras de los amos casi año y medio, luego cuando la revuelta y el intento de fuga los fusilaron en la misma finca de El Hornillo, hoy conocida como de Pasito Blanco. Me acuerdo que los tenían amarrados junto a la mina de agua cuando llegó el coche con los cuatro falangistas pa interrogarlos, les dieron leña de mala manera, tanto que cuando los fueron a ejecutar uno ya estaba muerto por las patadas y culatazos, era el que se negó a hablar en castellano, contestando las preguntas de los pistoleros solo en catalán. Esto los indignó porque esta gente odiaba que hubiera personas que hablaran en otro idioma que no fuera el que ellos decían que era en cristiano. El valiente se llamaba Marcos Freixas que era primo del cartero Jordi Grabulosa, también asesinado. Y no fue el único que se enfrentó con aquellos cobardes que venían a golpear y torturar a hombres desarmados con las manos a la espalda con la jodía soga de pitera, también Josep Maria Viñals que era el más joven del grupo de la CNT les increpó en catalán: «Els anarquites no callem ni s’acotem davant el feixisme». Los fascistas entraron en cólera y comenzaron a repartir leña como fieras, tanto que varios de los jornaleros que asistían a las palizas no se pudieron mantener en pie, mareados ante la sangre que salía despedida por todas partes. El fusilamiento no nos dejaron verlo, pero fue aquella misma tarde, vimos como los arrastraron amarrados como perros heridos hasta cerca de la playa, la misma cala donde tantas veces en las horas libres jugamos a la pelota y nos bañamos juntos. Allí no había ninguna construcción en aquellos tiempos, solo los tomateros de los Del Castillo, algunas chabolas de aparcería y las casas donde los encargados vivían con sus familias. Nos quedamos todos arriba sentados juntos en silencio al lado de las cajas de tomates, asombrados por todo lo que estaba pasando, cuando al rato se oyeron los disparos, era casi de noche, cientos de alcaravanes salieron volando asustados por aquel estruendo hacia el interior de la isla, nos llegó el olor de la pólvora y al ron que no dejaban de beber aquellos criminales. Luego los metieron en la fosa que los mismos muchachos tuvieron que abrir desde la madrugada, sabiendo que allí mismo es donde los iban a enterrar. Domingo López, mano derecha de Feliz Guijarro, uno de los mayordomos que era peninsular nos dio un discurso pa que no dijéramos nada de lo que había pasado aquella tarde de febrero de 1938, que si aquello se sabía nos irían a buscar a nuestras casas y ninguno quedaríamos vivos…»

Fragmento de la entrevista a Teodoro Cubas Sanabria, nacido en Juncalillo de Gáldar, verseador y aparcero en el sur de Gran Canaria entre los años 1937-1968, fecha en que emigró a Venezuela. Testimonio recabado en mayo de 1990 en el Castillo del Romeral (San Bartolomé de Tirajana).

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