3 diciembre 2020

Del sueño y del amor asesinado

Cómic "El violeta", (Editorial Drakul) que narra la represión a los homosexuales durante el franquismo.

No tenían compasión y no solo nos pegaban por ser maricones, también por representar a esa España liberada de la explotación, de la superstición de los curas, eramos para ellos el demonio y por eso nos destrozaron la esperanza.

Esteban Rodríguez Umpiérrez

«(…) A Luis y Lázaro se los llevaron por ser homosexuales, eran chiquillos maravillosos siempre dispuestos a ayudar, todas las vecinas sabíamos que eran novios, pero eso no causó ningún reparo en la gente a pesar de aquellos tiempos de incultura y fanatismo religioso, eran sobre todo buenas personas, muchachos jóvenes con mucha cultura, recuerdo que Luis había estado en La Laguna estudiando derecho, Lázaro, vino de La Habana porque su familia era de la isla, escribía poesía, nos hizo varios años el pregón de las fiestas de la Virgen, también colaboraba decorando la iglesia, Don Miguel León, el cura lo tenía en gran estima. Por eso nunca imaginamos lo que sucedió aquella noche de octubre del 36, cuando llegó al pueblo aquella turba de asesinos, primero detuvieron a Juan Del Cristo, más conocido como «Damián», lo amarraron como un cochino de pies y manos y lo colgaron en medio de la plaza, luego fueron a por los muchachos, Luis salió a la puerta cuando tocaron, no le dieron tiempo a decir nada, le metieron un culatazo en la nariz que lo tumbó redondo al suelo: -Maricones de mierda- decían. Les metieron soga de pitera en las muñecas, me acuerdo como se las apretaban y les caía las sangre por los pantalones, yo era muy niña, casi nueve años, pero se me quedó todo grabado, nos obligaron a verlo, porque nos sacaron a todos a la plaza a jóvenes y viejos, mujeres y niñas. Miguel yo creo que estaba muerto, porque lo cocieron a latigazos con las varas de acebuche, echaba sangre por la boca y los ojos los tenía en blanco, entonces llegó don Cosme Mayor, que era el dueño de la finca de La Marquesa en Barranco Seco, ordenó que arrodillaran a los dos chicos, entonces les puso una pistola en la boca de Lázaro y le dijo: -Chupa maricón, hijo el diablo- Todos empezaron a reír a carcajadas menos las vecinas, los falangistas y guardias civiles se tronchaban con las «gracias» del cacique. A mi me daba mucha pena ver aquellos hombres allí ensangrentados, muchachos buenos que no habían hecho daño a nadie. Al rato empezaron a darles patadas entre todos en el suelo con sus botas militares, Luis estaba sin conocimiento, Lázaro los miraba en silencio como si no tuviera miedo de lo que les estaban haciendo. Al rato los metieron en uno de los camiones de tomates del cacique inglés apellidado Miller, Luis tenía convulsiones, Lázaro estaba quieto con los ojos abiertos, Miguel estaba muerto…»

Testimonio de Lucía M. Padrón Martín, vecina en su infancia de Los Secaderos en Las Palmas GC.

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