24 octubre 2021

Derrotando al horror

«(…) Yo sé que allí
Allí, donde tú dices
No existen hombres que mandan
Porque no existen fantasmas
Y el rey es un rey
Sin corona ni patria ni nación
En Albanta
…»

Luis Eduardo Aute

Jugabas, viejo, como un chiquillo con tu nieta, tal vez esa infancia que te robaron, cuando los falangistas asesinaron a tu hermano de cuatro meses en la Navidad del 36, siendo testigo directo del horrendo crimen, cuando aquel nazi, pistolero de Falange, lo sacó de la cuna y le destrozó su cabecita contra la pared.

Todo eso te convirtió en un niño triste que con once años dejó de hablar, que en su silencio de años veía a su madre destrozada, a sus hermanos aterrados por si aquellos criminales volvían.

Ese trauma no te convirtió en un ser arisco, cerrado, lleno de odio, sino que siempre fuiste un niño más, que hasta con casi noventa años jugabas en el suelo, te disfrazabas, te dejabas pintar, convirtiéndote en la primera diversión de tu niña querida.

Hasta las perras Cubana y Estrella, también fallecidas como tú, se lo pasaban en grande, la casa era una fiesta con aroma de flores y ejércitos de juguetes.

Así te recuerdo, Diego, mi padre, un hombre alegre, sencillo, sensible, con el miedo clavado en las entrañas, pero que derrotaste al horror, siempre con amor, fantasía y sonrisas.