24 septiembre 2021

El barro y Federico

«Y aunque no me quisieras te querría por tu mirar sombrío, como quiere la alondra al nuevo día sólo por el rocío«.

Federico García Lorca

85 años después, sigue en una fosa común. En fecha todavía incierta, entre el 17 y el 19 de agosto de 1936, el poeta español más universal fue fusilado en algún lugar cercano a la fuente Grande, junto al barranco de Viznar (Granada), convirtiéndose en mártir de la causa de los pueblos que luchan por su liberación.

En una madrugada más o menos como la de hoy, tal vez con el mismo calor, las mismas tormentas, los mismos truenos clandestinos, el mismo fuego, los mismos amores que no están, las balas asesinas mataron al poeta, sembrando España de una de sus mayores vergüenzas, no solo por haberlo asesinado, sino porque todavía en 2021 sigue enterrado entre balas y cráneos rotos por los tiros de gracia, cuerpos destrozados por la tortura, como 120.000 demócratas más en cada rincón del estado, vergonzosamente la segunda nación de la Tierra con mayor número de fosas comunes y personas desaparecidas por el terrorismo de estado.

El mundo mira con asombro lo mal que cuida este desgraciado país a sus hijos más destacados, más sensibles, más luchadores, el genio literario sigue entre ese barro manchado de sangre, sin que en el triste lugar de su horrendo crimen se hayan sembrado amapolas, flores de colores, papeles con poemas escritos por niñas y niños, silabas, palabras, frases de esperanza, para que jamás se vuelva a repetir este brutal genocidio contra lo mejor de nuestra gente.

Sus asesinos ocupan hoy plaza en el Parlamento, votados por una parte de este pueblo, esos que odian la poesía, la ternura, la diversidad, la paz, la concordia, el pensamiento libre, esos que sin inmutarse volverían a disparar contra el pecho descubierto de Federico.