27 de julio de 2026

El pasillo de la vida

Frasquita González, Lolita Tejera y Juan Tejera

«(…) Alborada de tu vientre, cada vez más claro en sí, esclareciendo los pozos, anocheciendo el marfil…»

Miguel Hernández – A la luna (Fragmento)

En cualquier rincón del viejo jardín de los helechos las nietas y nietos nos podíamos encontrar jugando con algún duende, cualquier ser mágico recorriendo aquella selva de flores y árboles gigantescos.

Era la casa de Frasquita y Juan, los abuelos, dos resistentes, que la construyeron con sus manos en los años 20 entre el antiquísimo poblado troglodita de Tamaraceite.

Piedra a piedra, bloque a bloque, de las canteras blancas de San Lorenzo, levantaron aquel hogar en años de miseria y abusos de los terratenientes agrícolas.

Los mismos que en el 36 se sumaron al golpe fascista para represaliar a toda persona que hubiera defendido sus derechos contra las condiciones brutales de explotación ancestral, fraguada en años de tristeza y desolación desde los remotos tiempos de la invasión castellana.

La destrucción de una cultura ancestral y el comienzo del expolio de unos pocos sobre la mayoría de la población condenada a unas condiciones coloniales de vida y empobrecimiento extremo.

El olor a café inundaba cada rincón de aquel espacio de paz y ternura; Frasquita lo preparaba en la cocina, lugar de encuentro, de acogida y cariño hacia quienes venían de visita para ver a la entrañable abuela de pelo blanco o al viejo preso político.

Nadie salía con las manos vacías, el corazón repleto de amor y esperanza.

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