27 de julio de 2026

Estos a lo de siempre… Destruir a la clase trabajadora

«Quieren acabar con el Estado del bienestar para poder recuperar el mercado de la salud, la educación y las pensiones privadas.»

Miren Etxezarreta Zubizarreta

Quienes arrastramos la memoria de las últimas décadas sabemos perfectamente que las recetas que hoy vuelven a ponerse sobre la mesa no tienen nada de novedosas. Cuando Alberto Núñez Feijóo se planta ante un micrófono para calificar las bajas médicas como el «cáncer» de la economía y proponer el recorte de las prestaciones de los trabajadores enfermos, no está improvisando. Está desempolvando el viejo manual de la derecha más ortodoxa, el mismo que ejecutaron las administraciones de Aznar y Rajoy, pero esta vez con el viento de cola de una ola global fascista que rinde culto a la motosierra y al desmantelamiento social. Vienen de nuevo galopando, sin complejos, decididos a quedarse con todo y a arrasar con nuestras vidas.

Yo mismo sufrí esa apisonadora en mi propio puesto de trabajo durante aquellos años de recortes. Recuerdo perfectamente la entrada de la nueva corporación: parecían auténticas fieras hambrientas de derechos. Su primera medida fue colocar a dos «gorilas» al frente del departamento de Recursos Humanos, unos tipos oscuros cuyo único cometido era amedrentar y limpiar el terreno. El desprecio por la plantilla era absoluto. Intentaron aprobar a traición una Relación de Puestos de Trabajo (RPT) que, en la práctica, dejaba en la calle a una gran parte de mis compañeras y compañeros. Sé perfectamente lo que es sentir ese vértigo, el miedo a que te arrebaten el sustento de la noche a la mañana por una decisión de despacho. Pero también sé lo que es la dignidad: nos organizamos, nos movilizamos y peleamos cada palmo de terreno hasta que logramos tumbar aquella infamia tanto en la calle como en Magistratura de Trabajo.

Por eso, cuando escucho los discursos actuales sobre la «sostenibilidad» y el fraude de las bajas, sé perfectamente hacia dónde nos quieren arrastrar. La retórica empieza siempre igual, disfrazando de eficiencia lo que es pura crueldad laboral. Para las millones de familias trabajadoras que hoy estiran el salario para llegar a fin de mes, perder un porcentaje de su nómina por enfermar no es un ajuste estadístico; es una condena. Se introduce una lógica perversa que vacía de contenido el derecho a la salud, convirtiendo la incapacidad temporal en una sospecha bajo vigilancia.

Lo que verdaderamente asoma tras este globo sonda es una enmienda a la totalidad de nuestro modelo social. Si se normaliza que los derechos básicos pueden ser suspendidos unilateralmente, el tablero entero salta por los aires. El horizonte si esta doctrina se consolida es la demolición de la sanidad pública, el tijeretazo a las pensiones, la imposición del despido libre con una reforma laboral aún más dura y el blindaje de la contestación mediante leyes mordaza asfixiantes. No estamos ante un debate contable; estamos ante una batalla ideológica por la supervivencia de la clase trabajadora. Votar por esta escuadra trumpista es un vergonzoso ejercicio de irresponsabilidad.

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