2 diciembre 2020

Figura de arena en el viento

Imagen: Barrio de Arenales, Ciudad Jardin, Las Palmas GC,1927 (Fedac).

«Desde la comisaría de Luis Antúnez hasta la calle 18 de julio en Las Palmas está todo lleno de fosas comunes, muchas casas de gente rica las han construido sobre los cientos de restos humanos, con la pasividad y complicidad de Patrimonio del Cabildo y Ayuntamiento que tapan y encubren el genocidio. Gran parte de los hombres asesinados en ese y otros centros de tortura y exterminio de la zona fueron enterrados ahí por la facilidad de abrir agujeros al ser todo de arena.» Manolo Acosta Melián

«(…) Aquella noche se amontonaban los muertos en la trasera de la Comisaría de Falange en la calle Luis Antúnez, hoy Colegio La Salle, junto a la playa de Las Alcaravaneras de Las Palmas, me acuerdo que los flechillas los íbamos metiendo en sacos de papas, algunos no cabían porque eran altos, entonces lo que hacíamos era meterle un saco por las piernas hasta el pecho y otro por la cabeza hasta la cintura, después los amarrábamos con soga fina. Para nosotros, casi niños, ver aquello era una impresión muy fuerte, pero luego con el tiempo nos acostumbramos, Eufemiano Fuentes, que dirigía el centro nos decía que «lo que hacíamos era por Dios y por España, para terminar de una vez por todas con las hordas marxistas que se comían a los niños en una fritura de carne fresca». Yo fui siete, ocho veces, luego ya lo hablé con mi madre y no me dejó ir más, tenía dieciseis años y acababa de afliarme a Falange de las JONS, pero me metieron en la estructura de los balillas, que eran los más jóvenes y niños, pero que también ayudábamos sobre todo a la preparación y traslado de los republicanos muertos. Sobre las once de la noche aparecieron por allí tres de los que más torturaban y mataban, Antonio González, más conocido por «El Matacán», Gerardo Frade y Eloy Alonso, al que todo el mundo llamaba «Chirino». Bajaron a los sótanos de tortura y se hincharon, desde que ellos estaban había más muertes, más hombres mutilados, más aberraciones, tan fuertes como colgarlos por los ojos con ganchos, descuartizarlos con navajas de afeitar y dejarlos vivos con las tripas o el corazón fuera todavía latiendo. El cabo falangista Antonio Anaya, que luego tuvo un taller de coches en mi barrio de El Lugo, dio la orden de que había que desalojar de cadáveres la parte de atrás. Entonces Chirino nos llamó al balilla Juan González y a mi para que le ayudáramos. Cargamos entre todos unos veinte hombres en un camión de Los Betancores, nosotros pensábamos que iríamos a La Marfea, pero El Matacán dijo que había poca gasolina, por lo que fuimos muy cerca de los chalés en construcción de Ciudad Jardín, a la altura del Hotel Metropol, toda esa zona está llena actualmente de restos humanos que nadie ha exhumado. Allí nos pusieron a abrir una fosa común, era fácil al ser arena, «no muy profunda», dijo Frade, «solo que se puedan enterrar bien a estos hijos de puta que ya están apestando a podrido». Entonces trabajamos varias horas mientras los jefes se bebían una botella de ron. Anaya dijo algo de que después se verían en el bar Alemán de calle Triana. Cuando estuvo abierta los echamos dentro, había uno de los muertos que no pesaba nada, era de nuestro tamaño, casi un niño…»

Testimonio de Nicasio Santana Vera, maestro albañil y vecino en su infancia y juventud del barrio de El Lugo en los años del genocidio.

Entrevista realizada por Francisco González Tejera, el 14 de marzo de 2005, en el barrio de Las Coloradas (Las Palmas GC).

Síguenos y comparte:
error17
Tweet 20
fb-share-icon20