27 septiembre 2020

Finca «Las máquinas», legado del genocidio.

Imagen: Vista de algunos de los doce cadáveres encontrados en el interior de un pozo de Arucas (Gran Canaria), uno de los llamados "Pozos del Olvido", donde se calcula que puede haber hasta 27 "desaparecidos" de la represión franquista. AGENCIA EFE

«(…) Todos los que trabajábamos en los tomateros de Los Giles sabíamos que en el pozo de la finca de «Las máquinas» tiraban gente, más de una madrugada vimos el fotingo de Don Ezequiel Betancor bajando desde la carretera de Tenoya, cargado de cajas de ron del Charco pa los falangistas, lo acompañaba siempre Antonio «El verdugo», que se encargaba de darles fusta a los detenidos, era una fiera pal manejo de la pinga de buey, lo vi desnudar a varios hombres a latigazos, pa después descuartizarlos solo con el movimiento de sus muñecas. Este criminal que vivía en la parte alta de Jacomar era el hombre de confianza de los Betancores, lo veías siempre en todas las vainas cuando se trataba de asesinar comunistas, también en Las máquinas que era el lugar preferido por los dueños de aquellas tierras plantadas de tomateros desde la costa hasta el barranco de Teror. A los que mataron eran todos compañeros sindicalistas, varios anarquistas de la CNT y el resto comunistas de la Federación Obrera, era una venganza de los terratenientes contra quienes habían estado en las huelgas agrícolas de los años 32 y 33, enseguida aparecieron todos en la lista negra que habían hecho por toda Canarias falangistas y curas pa empezar a matar y desaparecer tras la noche del 18 de julio del 36. Iban casa por casa desde Tamaraceite hasta Arucas, tenían todo detallado en unas libretas anilladas que repartían los jefes falangistas de Las Palmas. Sabían hasta los días que iban a ver a sus novias, los equipos de lucha y fútbol que seguían, al partido o sindicato al que pertenecían. Nos cogieron como a conejos en un majano de piedras, no teníamos escapatoria, aunque yo tuve la suerte de estar escondido cinco años en la casa de mi padrino Juan Montesdeoca en La Aldea de San Nicolás, pa después escaparme pa México que es donde he vivido toda mi vida. En ese pozo de Las Maquinas yo estoy seguro que hay más de cien hombres, es un pozo muy profundo de agua salobre que cuando los tiraban tardaba en oírse el leñazo contra el agua, yo me acuerdo de tirar piedras y quedarnos un buen rato esperando a que sonara el golpe en el fondo. Allí montaban los tenderetes con el ron y las sardinas saladas de Don Ezequiel pa celebrar que seguían matando hombres inocentes solo por sus ideas, se emborrachaban como cochinos pa ser capaces de cometer tantos crímenes, si no, no más, no hubieran podido ser tan hijoeputas como fueron…»

Fragmento de la entrevista a Demetrio Rodríguez Falcón, jornalero en Los Giles entre los años 20 y 30. Testimonio recabado en febrero de 1995 en el barrio de Mexicaltzingo, Guadalajara (México).

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