4 diciembre 2021

Franco Park

«Salvaré a España del marxismo cueste lo que cueste. No me importaría matar a media España si tal fuera el precio a pagar para pacificarla».

Francisco Franco Bahamonde

El dictador murió el 20 de noviembre de 1975, su muerte fue tan solo física, porque su herencia sigue moviendo los hilos de cada estamento del actual régimen español.

Mañana en todo el territorio nacional se realizarán misas en su honor con absoluta impunidad, la Ley de Memoria Democrática de nuevo no servirá de nada, será un absurdo guiñapo legal, un esperpento sin sentido.Los saludos nazis, los “Cara al sol” y las consignas fascistas inundarán cada iglesia, cada calle, cada plaza, ante la pasividad política, jurídica y policial.

El odio a quienes no pensamos como ellos, a las personas de otro color de piel, de otra condición sexual que serán de nuevo estigmatizadas, cuestionadas, incriminadas, insultadas, agredidas, sin que suceda nada, “la extraordinaria placidez”, de la que presumía aquel ministro fascista en democracia, sobre una dictadura que después del final de la Guerra Civil asesinó a cientos de miles de demócratas, llenando España de fosas comunes y cunetas hasta en los lugares más remotos. Tumbas masivas repletas de cráneos con tiros en la nuca, huesos destrozados por la tortura, sin posibilidad ni voluntad política de exhumación.

Así celebra el nazismo patrio este nuevo aniversario de la muerte de este criminal de lesa humanidad, creciendo y sembrando el parlamento de diputados falangistas, colocando a sus jueces en las altas esferas judiciales, hasta con los votos de la presunta “izquierda”.

Nada cambia, no queda esperanza, nos iremos para siempre y todo seguirá igual, atado y bien atado, la brutal falta de respeto a las familias de las personas asesinadas es la tónica habitual, la injusticia histórica contra la única patria digna, esa que sigue enterrada entre escombros y basura.