30 septiembre 2020

Gabinete del horror

Pintura tortura durante el contexto de la guerra interna en Perú (1980-2000).

Sacaban los cuerpos destrozados por la parte de atrás del Gabinete Literario, la que daba a la que bajaba hacia la calle Triana, eran cientos de hombres y mujeres destrozados después de días y noches de torturas constantes, las vecinas lo veíamos todo desde nuestras ventanas y azoteas, también oíamos los gritos a todas horas, no podíamos vivir junto a aquel infierno.

Solita Suárez Trejo

«(…) En la sala de al lado que recuerdo se usaba de lectura antes del golpe de estado, gritaba una mujer, por los ruidos se percibía que la estaban violando varios falangistas y guardias civiles, ella casi aullaba de dolor y humillación, mientras yo estaba colgado por las muñecas, así estuve una semana entre golpes y latigazos con las pingas de buey. Mi cuerpo eran una piltrafa, la carne y la piel me caían por los lados de las caderas, mi cara estaba repleta de heridas y por mi cabeza no paraba de brotar sangre de los palos que me daban en la cabeza. El jefe de Falange Chano Samper no paraba de hacer daño, era experto en generar un dolor imposible de aguantar, hacía cantar a la mayoría que pasaba por sus manos ¿Pero había algo que ellos ya no supieran? Era torturar por torturar, por humillar, por hacer daño, violar por violar, para obtener placer a costa de destrozar el cuerpo de muchachas jóvenes, algunas casi niñas, muchas hijas y esposas de presos republicanos y anarquistas, en su mayoría desaparecidos en cualquier lugar de exterminio de la isla de Gran Canaria. El Gabinete Literario ya no era literario, recuerdo como allí recité por primera vez mis poemas, de la mano del Ateneo «Luz y vida», ahora aquel lugar de la cultura y de encuentro de las élites de la ciudad, se había convertido en un centro de detención, tortura y exterminio. De allí era difícil salir vivo, la tortura y las violaciones era noche y día en cada una de sus dependencias, años después supe que por allí habían pasado más de cuatrocientos hombres y mujeres para ser vejados hasta la muerte. Todavía recuerdo las caras de los millonarios de la isla: Eufemiano Fuentes que era jefe de Falante en la provincia, el millonario Del Río Ayala, el jefe de acción social y ladrón de niños, Francisco Rubio Guera, los hermanos Bombín que eran unos criminales, los caciques ingleses del sur y de Tenerife, Elder, Miller, Yeoward, Bonny y otros que venían a regodearse con nuestra sangre, con nuestro sufrimiento infinito. No se como coño pude arrastrarme en la explanada de la Marfea cuando colocaron el montón de cadáveres que bajaron como sacos de plátanos del camión de los Betáncores. Me arrastre como una serpiente como trescientos metros, la oscuridad de la noche me protegió, tampoco podía caminar tenía un pie partido y el hombro roto. Me recogió Teodoro Corujo Hormiga, «El majorero», cuando ya el sol se reflejaba en la arena de la playa de La Laja, gracias a él estoy vivo, me llevó en su barco hasta San Cristóbal, allí estuve escondido en la casa de este buen hombre, hasta que pude salir en barco para Mauritania…»

Testimonio de Pepe Juan Farías Moreno, carpintero de rivera y miembro de la CNT entre los años 33-37 en Las Palmas GC.

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