25 mayo 2022

Guerra a la memoria

«Si comprender es imposible, recordar es necesario, porque lo sucedido puede volver a suceder»

Primo Levi

Tener a mi abuelo en una fosa común es “normalidad democrática” en el estado español, también exaltan en su discurso lo que llaman “democracia plena”, presumiendo de una España “avanzada”, “moderna”, “monárquica”, disciplinada y fiel aliada del “mundo libre”, sobre todo en crisis internacionales donde peligran los intereses del Imperio, jamás la integridad de pueblos masacrados durante décadas que no son noticia en los medios de comunicación al servicio del poder económico mundial.

Mi abuelo Francisco González Santana, era comunista, miembro del Frente Popular y sindicalista de la Federación Obrera en la isla de Gran Canaria. Lo fusilaron los fascistas el lunes 29 de marzo de 1937 junto a sus camaradas, simplemente por pensar diferente, por defender una democracia legítima, los derechos de la clase trabajadora.

Como cientos de miles más de mujeres y hombres sigue enterrado en un lugar inmundo, ante la pasividad y silencio de los sucesivos gobiernos, los mismos que proclaman Democracia y Libertad a miles de kilómetros de sus fronteras, pero que permiten, asumen y callan, ante la demanda histórica de las familias que exigimos la recuperación, identificación, reconocimiento y sepultura digna de nuestros seres queridos asesinados.

Nos cansa y entristece tanta hipocresía, mis padres murieron hace escasos años sin que se hiciera justicia, las nietas y nietos vamos por el mismo camino. Tan solo con un cinco por ciento de lo que se gastan en armamento inútil para un ejército que sigue sin pedir perdón por encabezar junto a Falange lo que Paul Preston llama el “Holocausto Español”, se financiaría la exhumación masiva de todas esas personas que siguen enterradas en miles de espacios de exterminio.