9 diciembre 2022

Hoy en tu día

Lola y sus hermanos en 1939 (Archivo fotográfico familiar)

«Yo he sido quien ha dado forma a su vida. Ahora, asisto a ella desde fuera como un testigo distante. Es la suerte común a todas las madres: ¿pero, quién no se ha consolado nunca diciéndose que su suerte es la suerte común?».

Simone de Beauvoir

Hoy 8 de marzo quiero recordar la figura de mi madre, Lolita Tejera, como tuvo que asumir el papel de cuidadora de sus hermanos con tan solo ocho años, tras la condena a cadena perpetua de mi abuelo Juan.

En la casa dejó de entrar dinero, mi abuela tuvo que salir a pedir limosna por la ciudad de Las Palmas, desesperada por nadie darle trabajo estigmatizada por ser la esposa de un comunista preso político.

La niña Lola tuvo que atender la casa, consolar él hambre de sus hermanos menores, buscar alimentos donde no había, superar la tristeza de una familia destrozada.

Esa fuerza invencible que forjó su personalidad marcó su vida de mujer luchadora, sensible, con una inmensa inteligencia emocional, que le llevó a casarse con mi padre con el paso de los años, la unión, el amor de dos víctimas del genocidio, al perder Diego González con once años a su hermano de cuatro meses asesinado por un falangista, el posterior fusilamiento de mi abuelo paterno por fusiles fascistas.

Lola, mantuvo la entereza hasta el final, se fue muy decepcionada con políticos que prometieron justicia y mintieron. El momento de su ictus después de levantarse de la siesta en mayo de 2020, mientras bromeaba conmigo sobre una pareja de pájaros canarios que teníamos en el patio de la casa de Tamaraceite. No quería irse, entre susurros me dijo que la ambulancia no se la llevara, le preocupaba mi soledad ante la jungla de la vida.