3 octubre 2022

Iglesia ladrona de niñ@s

"De mis entrañas", Jon Mao. Muestra colectiva que bajo el título 'Encontrarte, artistas por la verdad y la esperanza', sirvió para poner el foco en la trama de las maternidades robadas

«(…) El silencio, la connivencia y un compendio de intereses se convirtieron en el motor del tráfico de bebés robados, uno de los relatos más oscuros de la historia reciente de España. Al principio se concibió como una de las herramientas represivas del régimen; más tarde evolucionaría hasta mutar en un negocio. Se estima que a lo largo de todo el proceso, que va desde 1938 a 1996, unos 30.000 niños fueron separados irregularmente de sus madres al nacer…»

David Barreira y Lorena G. Maldonado

El parto de Matilde Santana fue rápido, apenas dilató y no pasaron más de tres horas, parecía que aquel ser tranquilito que llevaba dentro quería salir para verle su cara, disfrutar de sus caricias, de la abundante leche caliente que ella notaba fluyendo en su pecho.

Al nacer la matrona se lo puso encima, cuando le dijo: “Mi niño querido”, reaccionó y la miró como si hubiera conocido su voz después de flotar tanto tiempo en su vientre.

Ella lo acurrucó con sus brazos, Luisito empezó a mamar sereno, parecía que lo hubiera hecho desde siempre, se hizo la paz y el silencio en aquel cuartito compartido del Hospital San Martín de Las Palmas. Solo se escuchaba al pequeñín degustando el néctar de la vida, su respiración y unos pequeños gemidos de placer, la interrelación casi mágica entre la madre y su hijo recién llegado al mundo.

Fue el momento en que entraron dos monjas a toda prisa, cada una con un crucifijo pequeño en la mano, formándose un alboroto cuando se lo quitaron, el niño parecía pegado como una ventosa a su pezón izquierdo, rompiendo a llorar muy fuerte porque no quería separarse de la ternura de su madre.

-Este bebito no está bien ¿No vez como respira?- Dijo con acento peninsular la religiosa más vieja, que tenía una verruga marrón en su nariz.

-Hay que llevárselo a don Roque para que lo mire, ahora te lo traemos- ordenó la beata sin mirar a los ojos de la parturienta.

De alguna forma Matilde sin cubrirse el pecho, cuando lo vio salir por la puerta supo que no lo vería más. Por eso gritó su nombre desesperada:

-No me roben a mi niño desgraciadas, déjenlo aquí conmigo que yo lo curo con mi calor-A las dos horas vino otra monja acompañada de don Vicente Artiles, párroco de San Juan, con la mala noticia de que el bebé había muerto “por la fiebre tan alta”:

-Está contagiado de tifus- sentenció el cura, persignando en el aire junto al camastro.-Es peligroso que lo tengas contigo, te lo daremos mañana bendecido como un angelito en una cajita blanca que no debes abrir para que lo entierres con tu familia, eres afortunada, a los niños elegidos se los lleva nuestro señor Jesucristo al poco de llegar a la Tierra. Reza con nosotros mi niña, reza y deja de llorar que has parido a un santo-