26 mayo 2022

Junto a la palmera del milagro

Palmera de barrio de San Roque (Las Palmas GC). (Fuente: Fondo Fotográfico FEDAC)

«La libertad no puede ser fecunda para los pueblos que tienen la frente manchada de sangre».

José Martí

Cuando los nazis de Falange vieron la cédula de identificación de Ramón Cienfuegos, se echaron para atrás, ya lo tenían amarrado hasta que el sicario, Gonzalo Samsó, le quito el reloj y le sacó la cartera de cuero del bolsillo de la chaqueta para robarle su dinero.

Allí encontraron que el joven pedrero no era español sino cubano, hijo de madre isleña y padre de Camagüey. Al momento uno de los esbirros soltó los alambres ya clavados en sus muñecas, le llegaban al hueso atravesando su escasa carne de joven artesano:

-A la puta de la novia si nos la llevamos, esta si es compatriota, aunque sea una roja chupa pollas de mierda- dijo Samper, que era un legionario muy amigo de Millán-Astray.

A Gertrudis Lozano, la golpearon delante del pobre Ramón, al que le caían las lágrimas de los ojos como un manantial de agua triste:

-Venté con nosotros cubano así miras como nos follamos a esta asquerosa- exclamó borracho con sus dientes sucios el viejo carlista, Ignacio Aramburu, que vino de la península como ayudante de cámara del hermano de Franco.

El muchacho rompió delante de los fascistas su pasaporte increpándolos, gritando mientras intentaba liberarla de una muerte inminente. Al instante lo rodearon entre golpes, puñetazos, patadas, culatazos, rodando por aquel callejón del barrio de San Roque, echando sangre por la boca, parecía una especie de guiñapo en manos de aquellas bestias de azul.

Junto a una gigantesca palmera lo sacaron ya muerto del coche negro de don Matías Vega, lanzándolo entre dos uniformados por una ladera de Barranco Seco, cayendo hasta el fondo, quedando allí, desamparado, solo, como un saco de huesos entre las tabaibas y cardones.

Su compañera, casi inconsciente y medio desnuda, lo vio por un instante desde la ventanilla del asiento de atrás de su particular infierno, el vehículo avanzaba directo hacia el centro de tortura y detención de Los Arenales.