27 octubre 2021

La adopción de las flores

“Ella había nacido para el mar./Las curvas de su espalda,/desde muy pequeñita,/tenían cumpleaños de olas./Se despertaba/con rumores de playa en los costados,/con sus cabellos de alga en las arenas/y el pez de la sonrisa/nadándole los labios./Crecíase hacia adentro,/hacia sus libertades submarinas,/que tomaban el sol abriéndole los ojos/en tirones de sueños y resacas…”

Pedro García Cabrera «Nana de una Isla»

Cuando dejábamos la casa para siempre esta mujer tan bella de la foto, que lee mi último libro «Fragmentos de rebelión» (2021), se hizo cargo de las flores de mi madre: flores muy antiguas, helechos, macetas de todo tipo con distintas especies vegetales.

Mi gran amiga de tantos años Mapi Navarro Herrera se hizo cargo de acoger a estos seres queridos, algunos de mas de más de ochenta años con nosotros, testigos mudos de muchos acontecimientos, algunos negros, dándonos siempre mucha vida, oxigeno y esperanza.

Nos vimos su compañero Txetxu y yo cargando macetones en su todoterreno, sacando de la base de cemento una fuente, bebedero de miles de pájaros, que ahora la disfrutan en ese paraíso donde vive esta maravillosa familia.

Por todo esto y por mucho más que sería muy largo de contar, ella lo sabe, para mi es un orgullo inmenso que en sus manos también esté mi último libro, prologado por otro amigo fraterno, el profesor gomero, Francisco Javier González. Conozco bien la conciencia y sensibilidad de esta mujer con nuestra gente asesinada por el fascismo, su amor por esta tierra, la empatía con las familias que tanto sufrieron esas perdidas, ese dolor infinito, en el mayor genocidio tras la llamada «Conquista castellana».

Estoy seguro que Mapi devorará cada página, que luego la publicación rulará por otras manos amigas y familiares, ya lo ha hecho con otros de mis libros.

Tenemos pendiente una larga charla en ese lugar mágico del corazón de nuestra amada patria, rodeados de naturaleza, de pájaros alegres bebiendo y bañándose en esas aguas limpias y puras, de la energía de las flores de mi madre, que son como sus manos, como las manos de Mapi: cálidas y amables.