27 septiembre 2020

La penumbra de la playa

Mural reivindicativo en uno de los centros de tortura de la DINA, la policía secreta del régimen de Pinochet en Chile. (Ciberprofe/Wikipedia)

Lo que ahora es el Colegio La Salle en Luis Antúnez, era el centro de tortura, veíamos como entraban de pie y salían muertos en sacos, desde esos tiempos el barrio quedó marcado para siempre, lo más triste es que no hay ni una placa, ni un monumento que nombre al lugar como espacio de exterminio, de sufrimiento de quienes defendían la democracia.

Rosa Cabrera Sosa

«(…) Aquello era el infierno, en cada habitación estaban torturando algún hombre, los gritos se oían en todo el barrio, llegaban hasta a los barcos que estaban fondeados cerca de la Playa de las Alcaravaneras, por la calle Luis Antúnez corría la sangre como si hubiera llovido agua roja, toda la zona olía muy mal, a carne podrida, a vísceras, a sesos aplastados bajo las botas de los torturadores falangistas. Daba pena ver a los niños que iban o venían del colegio cuando pasaban cerca del centro de detención, los chiquillos salían corriendo por los alaridos de dolor de quienes estaban siendo maltratados, yo no sabía donde me estaba metiendo cuando me afilié a Falange en la calle Albareda, pensaba que era verdad lo que decían en los mitines antes del golpe de estado del 18 de julio, que eramos la vanguardia de la patria, pero que jamás caeríamos tan bajo como para cometer aquellas aberraciones. A veces me ponían de apoyo a los que daban leña llevando agua o limpiando la sangre y las tripas del suelo, en esos instantes veía cosas terribles, hombres colgados boca abajo recibiendo latigazos que les cortaban la piel y la carne, otros colgados por los ojos con ganchos de hierro, algunos ahorcados con las cuerdas al cuello y la lengua fuera. Había días que traían a los hijos de los detenidos, hasta niños pequeños que eran golpeados delante de los reos para que cantaran y delataran a los compañeros, violaciones de hijas delante de los padres, una locura colectiva que me destrozó por dentro, desde que pude me perdí de la isla en silencio, todavía tantos años después no duermo por las noches, mi vida se convirtió en una pesadilla de la que jamás he podido despertar…»

Testimonio de Emilio Fontejada Ramiro, funcionario en el Gobierno Civil de la provincia de Las Palmas, procedente de Madrid, afiliado a Falange entre 1935-1937.

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