26 mayo 2022

La estela de su ejemplo

«Desperté de ser niño. Nunca despiertes. Triste llevo la boca. Ríete siempre. Siempre en la cuna, defendiendo la risa pluma por pluma».

Miguel Hernández

Me viene a la memoria mi abuelo Pancho González, en todo lo que escribo, lo que debió sentir cuando lo sacaron del campo de concentración de Gando (Gran Canaria) para fusilarlo el 29 de marzo de 1937, como le pidió desesperadamente a sus camaradas por sus tres huérfanos y su inminente viuda, Lola García, el amor de su vida, la desgracia de no poder volver a abrazarla, no ver crecer a sus hijos.

Pienso en el traslado entre golpes en aquel camión, las secuelas de la tortura, su cuerpo magullado, acostumbrado al maltrato, las últimas lágrimas, la carta de despedida destruida por Pedro Cantero, el cura capitán capellán militar, por negarse a la Comunión antes de la ejecución.

¿Qué dejaría escrito?

Qué ganas he tenido desde niño de conocer sus últimos pensamientos, su despedida para una familia destrozada.

¿Cuanto amor habría en esas letras?

Me conmueve que fuera mi abuelo, que no se vendiera ni se afiliara a Falange para salvar su vida como hicieron otros traidores, de los que ahora sus hijos tratan de humillar a mi familia desde su ancestral odio de clase.

En cada página de mis libros mi abuelo está presente, se pasea con orgullo entre las hojas, entre las letras, juega con sus niños, besa a mi abuela, levanta el puño, alza la bandera, feliz de que su nieto haya seguido la estela de su ejemplo.